Una auténtica historia en la que se relatan las aventuras que viven tres amigos cuando deciden marcharse de su país de origen y comenzar una nueva vida a dos mil kilómetros de allí. Holanda se convierte en un escenario perfecto para demostrar que nunca hay que perder la esperanza, que siempre hay que enfrentarse a la vida con la más amplia de las sonrisas y que las mejores cosas ocurren cuando menos las esperas.

jueves, 29 de noviembre de 2012

"La tarta de toda la vida"

26 de Noviembre de 2012.

¡Hoy es el día libre para todo el mundo! Lunes en el que Mary no tiene que ir a la tienda, lunes en el que Ana no trabaja y lunes en el que yo tampoco trabajo. Me levanto temprano para dar unos retoques al vídeo de Daniela, pues he quedada con ella a las doce del mediodía y quiero tenerlo todo preparado. La semana pasada me dijo que quedaríamos el lunes pero no me dijo la hora en la que quería que fuera al estudio, así que le envío un correo para preguntárselo. 

Cuando estamos los tres en el salón planeamos el día de hoy y tenemos que hacer muchas cosas, a pesar de no tener que trabajar. ¡Nos han invitado a la tercera y creemos que última fiesta del año de cumpleaños de Gianlu! La celebración será, como no podía ser en otro sitio, en la casa de Aylim y Gianlu y queremos preparar una tarta de galleta y chocolate. Aylim dice que va a preparar cosas para pica, incluidas las tortillas de patatas, y cenaremos todos juntos. ¡Gianlu no se podrá quejar de cumpleaños! 

Desayunamos, nos duchamos, vestimos y nos vamos al Albert Heijn a comprar los ingredientes que necesitamos para la tarta, al igual que otras cosas que necesitamos para la casa. Antes de marcharnos reviso el correo pero Daniela no me ha contestado, me parece muy raro. No sé, este fin de semana me comentó que irían a Ámsterdam y a lo mejor tienen muchas cosas que hacer. Seguro que luego me llama o me contesta. Así que sin tener que ir al estudio a enseñarle el vídeo nos adentramos en la aventura de las compras que tanto nos gustan. 

Vamos al Albert Heijn, compramos, vamos al Action, compramos, vamos a la tienda turca, compramos, volvemos al Albert Heijn, compramos y así un montón de veces más. Creo que sumamos cuatro veces al Albert Heijn y dos veces al Action. ¡Las cajeras yo creo que ya nos tienen que conocer! La primera vez que estamos en el Albert Heijn recibo una llamada de Aylim para decirme que si le puedo dejar la bicicleta a Gianlu, ya que la suya está rota y la que se llevó de nuestra terraza está en el taller. Le digo que por supuesto, que no tengo nada que hacer y que tenemos la bici de Mary para transportarnos los dos. Quedamos con Gianlu en la puerta del Albert Heijn. ¡Estamos comprando cosas para tu tarta pero no lo sabes! Gianlu es un chico italiano, novio de Aylim y trabaja como cocinero en un restaurante del centro. En la puerta del supermercado nos dice que va a ir a comprar una aspiradora y unos zapatos. ¡Que la casa está muy sucia y tiene que limpiarla para esta noche! Le doy las llaves de mi bici pero cuando vemos que la de Marleen, a la que Mary le puso de nuevo la cesta en el porta paquetes, deducimos que nos podremos mover los dos en ella le quito las llaves de mi bici y le damos la de Marleen. ¡La mía no tiene cesta y sí que nos podemos montar Mary y yo! Gianlu se despide de nosotros y le decimos que tenga que buena compra y que lo vemos a la noche en su casa. ¡Vamos a seguir comprando cosas para la tarta! 

Una de las veces que llegamos a casa nos damos cuenta de que hemos comprado muchas cosas para la tarta. Tenemos un cartón de chocolate, uno de vainilla, una especie de lacasitos y confetis, canela y nata. Tenemos muchas cosas, muchas menos las galletas. ¡Y otra vez a por ellas! También compramos espaguetis en la tienda turca y aceitunas que parecen que son españolas. La marca se llama “Morenita” y nos han costado cuarenta céntimos, que estaban en rebajas. ¡No están mal! Queremos echárselas a los espaguetis pero al final, con tantos viajes a las tiendas y tanta tarta por hacer, decidimos hacernos unos sándwiches y eso es lo que comemos. ¡Qué más da! Si dentro de muy poco nos iremos de fiesta de cumpleaños. Además, hemos bebido café gratis en el Albert Heijn y hemos comido galletitas que acababan de poner en las pruebas. ¡Gracias por los alimentos gratuitos! 

Comenzamos a mojar galletas en la leche, a empaparlas y a colocarlas sobre una bandeja de cristal. Mary me riñe porque dice que no me he lavado las manos y Ana dice que parecemos un matrimonio cuando hacemos cosas juntos. Capa de galletas, capa de chocolate, capa de galleta, capa de vainilla y así unas cuantas de veces. Le añadimos canela y los lacasitos, confetis y nata los reservamos para antes de ponerle las velas. ¡Hemos comparado velas en el Action y unas tarjetas de cumpleaños! Le escribimos en ella una dedicatoria y después en la fiesta se la firmaremos todos los presentes. 

La tarta va teniendo muy buen aspecto cuando recibo un mensaje al móvil de Daniela. Me dice que lo siente mucho y que no ha podido avisarme, pero que podemos quedar el miércoles si me viene bien. Le digo que no pasa nada y que el miércoles nos vemos. Seguro que le ha pasado algo porque nunca me ha dado plantón. De todos modos hasta me ha venido bien, pues he pasado un buen día de compras. ¡La tarta está lista! Y un poco de vainilla y chocolate que sobra nos lo comemos con cereales. ¡Qué rico y qué lujo poder comer estas cosas por aquí! 

Comenzamos a vestirnos y Ana se va antes que nosotros para la fiesta, ya que ha sido la primera en arreglarse y es mejor que vaya a ayudar a Aylim antes de que lleguen el resto de amigos. Los trabajadores de Señora Rosa, Andrea, Mateu y Aser estarán allí, junto con Aylim y Gianlu y nosotros tres. ¡Qué buen grupo! Y todos trabajando en restaurantes, sea en el puesto que sea, pero en restaurantes. ¡Nuestro grupo está formado por cocineros y friega platos! 

Ya estamos todos en la casa de Aylim y Gianlu, preparamos la mesa y las sillas y nos sentamos todos, parece una cena de Navidad. Es entonces cuando caemos en la cuenta de que estamos los mismos que vamos a cenar el día de Navidad. ¡Por eso decidimos hacer los papeles para asignarnos cada uno a nuestro amigo invisible! Qué emocionante. 

Mary y yo escribimos los nombres de los ocho que estamos en los papelitos, los doblamos y los introducimos en un jarrón que tiene Aylim en el salón. Me los llevo a la mesa, pero tengo que esperar hasta que terminemos de cenar. ¡Y qué cena! Todo exquisito. Tortillas de patatas, queso, chorizo, atún con tomate y cebolla, panecillos para untar, patatas fritas, frutos secos, bebidas… había de todo. Nos ponemos las botas y parece que nuestro lado de la mesa se acaba antes que el otro. ¡Bromeamos sobre ello! Pobrecitos, que son nuevos y tienen hambre. Después de arrasar con los platos que había en la mesa vamos hasta la cocina y añadimos los confetis y la nata a la tarta. Todos firmamos en la tarjeta de cumpleaños, encendemos las veintitrés velas y apagamos las luces de la casa. Gianlu está en el salón cuando aparecemos con la tarta en las manos y contando el cumpleaños feliz. ¡Le gusta mucho la sorpresa! Sopla las velas y lee la invitación. Es divertido escucharlo, ya que al ser italiano y conocer tantos idiomas tarda un poco en leerla. “Cariño, ¿quieres que te la lea yo?” le dice a Aylim desde la otra punta de la mesa. Pero Gianlu la lee sin ninguna ayuda. 

¡El amigo invisible! Quiero hacer el amigo invisible. Ponemos las normas, precios mínimos de los regalos y hablamos del día en el que nos lo daremos. ¡Eso ya se irá hablando con el paso del tiempo! Comenzamos a meter, uno por uno, las manos en el jarrón que decoraba uno de los muebles de la casa y extraemos todos un papelito. Como no podía ser de otra manera tenemos que repetirlo varias veces porque nunca sale a la primera o, al menos, nunca a nosotros. ¡Hasta que por fin hay una vez que parece que ninguno nos ha tocado a nosotros mismos! Pues ala, ya tenemos un regalo que comprar. Ahora nos espera vivir un mes de “¿A quién le habré tocado, que le compra yo ahora a este, le gustará esto, quién me regalará, a quién le compraran los demás?” Va a ser un show. ¡Ya estoy deseando que llegue el día de los regalos! 

Disfrutamos de la tarta y de lo rica que nos ha quedado, para qué vamos a mentirnos. Las tartas de toda la vida son las mejores. Gianlu nos pregunta que de qué es la tarta y le decimos que en España es muy típico que tu madre te haga tartas de galleta y chocolate para el cumpleaños. Estas tartas se convierten en las tartas de toda la vida. Gianlu parece que lo entiende o, al menos, eso nos hace pensar. 

Después la noche continúa y la diversión agarrada de su mano. Jugamos a un juego que parece que Aylim está enamorado de él. Cada uno tenemos que escribir cuatro personajes famosos, en cuatro papeles diferentes y después todos los personajes se mezclan para formar un único montón de papeles cargados de personajes. Hacemos parejas: Aylim y Andrea, Mary y Aser, Ana y Mateu, Gianlu y yo. Hay tres fases: en la primera coges un personaje sin que nadie lo lea y tienes que describírselo a tu pareja para que lo adivine cuanto antes, en la segunda fase solamente puedes utilizar una palabra para que tu pareja lo recuerde y lo diga y en la tercera frase hay que hacerlo con mímica. La maravillosa mímica que tantas risas consigue sacarnos. Gianlu y yo no nos entendemos muy bien en el juego. Él utiliza palabras que no las entiendo, yo utilizo expresiones que él tampoco entiende y encima tenemos que tener en cuenta que es italiano y no conoce del todo nuestro idioma. La primera partida la perdemos nosotros dos y nos renegamos. ¡Queremos cambiar de pareja pero Aylim no nos deja! Nos obliga a que nos demos tiempo. Parecemos dos niños que escuchan lecciones de la vida de una madre. Vale. Nos damos otra oportunidad y quedamos los segundos. ¡Ole Gianlu! ¿Has visto? Y queríamos cambiar de pareja… 

Pasamos la noche haciendo mímicas. Es divertido ver cómo Mary imita a Fernando Alonso, cómo Andrea consigue con un solo gesto que Aylim adivine el personaje, ver a Gianlu dirigiendo un país para que yo diga la palabra “Berlusconi”, disfrutar de Mateu bailando un ballet como Billy Elliot, a Aser moviendo las caderas como Cristina Aguilera o a Ana lanzando espadazos al aire como Uma Thurman en Kill Bill. 

Y mientras continuábamos con el juego de mímicas una tarta de galletas y chocolate nos esperaba en la cocina para ser asaltada por segunda vez. Los trozos que han sobrado nos observaban con sigilo desde la encimera. Esperamos celebrar muchos más cumpleaños por estas tierras, esperamos celebrarlos de la misma manera y esperamos seguir fabricando estas tartas que tanto nos gustan. Esas tartas que te transportan a tus tardes de cumpleaños en la infancia, te llevan al momento en el que tu madre las preparaba en la cocina y al lugar en el que tus amigos la disfrutaban sobre un plato y con una cuchara de plástico. Esa tarta de galleta y chocolate, esa tarta que siempre conseguirá seguir siendo la tarta de toda la vida. 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

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