Una auténtica historia en la que se relatan las aventuras que viven tres amigos cuando deciden marcharse de su país de origen y comenzar una nueva vida a dos mil kilómetros de allí. Holanda se convierte en un escenario perfecto para demostrar que nunca hay que perder la esperanza, que siempre hay que enfrentarse a la vida con la más amplia de las sonrisas y que las mejores cosas ocurren cuando menos las esperas.

jueves, 14 de febrero de 2013

"La fábrica de chocolate"

12 de Febrero de 2013.

Desde siempre había querido construir un lugar en el que todo el mundo pudiera disfrutar de los manjares a los que ella tanto amaba, un lugar en el que todos supieran saborear el dulce tacto que el chocolate forma al fundirse en las bocas. Soñaba con un mundo lleno de tabletas de chocolate, de caramelos cubiertos de chocolate, de ríos de chocolate fundido y de praderas de más y más chocolate. De todos los tipos y sabores, de todos los aromas y colores. Chocolate con leche, con almendras, sin almendras, chocolate puro, con avellanas, en polvo, a la taza, chocolate negro y blanco, chocolate. Simplemente chocolate. Un mundo lleno de chocolate. 



Después de comer Mary continúa con su proyecto de fin de carrera y yo continúo con alguna de las cartas. Más tarde Aylim nos llama por teléfono y le decimos que se pase por casa, ya que hace tiempo que no la vemos y queremos pasar un tiempo con ella. Cuando llega a nuestra casa se quita todas las capas que lleva encima y se acomoda en una de las sillas del salón. Después de unos minutos hablando nos hace una propuesta de esas que tanto nos gustan: “¿Por qué no os venís a mi casa y vemos una película? Podemos comer palomitas y chocolate”. Aylim añade lo de las palomitas y el chocolate para convencernos, aunque solamente con la idea de la película estamos dispuestos a unirnos al plan. Así que rápidamente nos vestimos y nos montamos en nuestras bicicletas. 

Cuando llegamos a casa de nuestra anfitriona favorita nos acomodamos en su salón, saludamos a su perro Chulo y comenzamos a cargar en internet la película que hemos elegido. “La piel que habito”, una de las últimas de Almodóvar, ha sido la elegida. Todo el mundo nos ha dicho que es muy rara y que es muy diferente a todas las que ha dirigido éste director, así que tenemos ganas de quitarnos el gusanillo de la curiosidad. Antes de comenzar a disfrutar del cuerpo desnudo de Elena Anaya, Aylim se prepara un plato de comida de productos ibéricos. Parece un plato de degustación española. Chorizo, jamón y queso son las cinco estrellas del plato, acompañados por sardinas, alcachofas y patatas a lo pobre. Un buen plato para comer y se lo carga bien porque quiere que nosotros, a pesar de haber comido, la ayudemos a devorarlo. ¡Qué cosas más ricas! Aylim parece que nos quiere cebar, como a los cerdos antes de la matanza. Nosotros nos dejamos cebar, es inevitable no comer en ésta casa. 

Con el plato de degustación más limpio que después del lavavajillas nos disponemos a ver la película. Aylim, como no podría ser de otra manera, llena la mesa del salón de cosas de chocolate, de galletas, de frutos secos, de patatas fritas y de una infinidad de cosas que solamente ella tiene en la despensa de casa. ¡Hasta tiene gofres y nocilla! La nocilla es para calentarla y derramarla por encima. Qué cosas más ricas. Así que, olvidando los kilómetros que corremos cada mañana, nos llenamos las bocas de chocolates de todo tipo y nos dejamos enamorar por el dulce tacto de los gofres con nocilla derretida. Tenemos un problema con las chucherías y Aylim, que parece Willy Wonka, el de la fábrica de chocolate, es nuestra solución. La despensa de su casa es como una fábrica de chocolate y nosotros somos los niños que disfrutan de sus manjares. Mary rebusca entre las baldas de comida y, con los ojos como platos, le dice a Aylim que cree que nos quedamos el día equivocado en su casa. “El día que nos quedamos en tu casa cuidando del perro no tenías nada para comer” le dice Mary, sin saber dónde detener su mirada entre tanto dulce. “Nos tuvimos que hacer un cola cao”. Mary está indignada y Aylim se indigna porque no puede creer que su despensa estuviera vacía aquel día. 

Antonio Banderas, el protagonista de la peli, ya está en escena compartiendo diálogos con la desnuda Elena Anaya, ya que en casi toda la peli sale en cueros. Al principio hacemos bromas de todo lo que sale, de lo rara que es, de que no entendíamos nada y de que a Pedro, el director, se le había ido un poco la pinza. Cuando vamos avanzando en la trama nos invade el silencio y el interés aumenta. Al terminar afirmo que me gusta, que me ha encantado y que es una buena película. A Mary también le gusta y Aylim dice que ni sí ni no, que se ha quedado a medias. Es una película muy diferente a las que Pedro nos tiene acostumbrados, pero tiene una buena historia. Minutos más tarde damos las gracias a nuestra anfitriona favorita por esas acogidas tan buenas que siempre nos realiza y no dejamos que las calorías de más nos entristezcan la existencia. Así que, manteniéndonos en las pieles que habitamos (chiste malo utilizando el título de la peli), nos despedimos de Aylim y nos vamos a casa, ya que Mary tiene que continuar con su proyecto de carrera. 

Una vez en casa decidimos no cenar. ¿Cómo vamos a cenar con todo lo que hemos comido? Todo lo que hemos perdido corriendo ésta mañana lo hemos ganado, o superado, con los gofres y la nocilla de esta tarde. Por la mañana nos pusimos nuestras ropas de deporte y comenzamos nuestra ruta diaria. El recorrido lo hemos aumentado y me sorprendo de mí mismo. Jamás llegué a pensar que pudiera correr, por voluntad propia, un recorrido tan extenso. A lo mejor no es extenso para los demás pero, por lo menos, para mí está más que bien. Salimos de casa y corremos por una de las calles que nos llevan hasta el congelado canal, continuamos acompañándonos con los patos que intentan nadar en sus aguas y giramos por el puente hasta introducirnos en la calle más principal que hay en nuestro barrio. Esa calle se comunica con la nuestra pero nosotros continuamos recto hasta el final de ella. Pasamos siempre por un estanco, nos cruzamos con una señora que viene de la compra y todas las mañanas disfrutamos del agradable olor que la ropa tendida deja en una de las fachadas de la calle. Casi al finalizar la calle nos topamos con la tienda turca, donde compramos las verduras y frutas que tanto nos gustan, y con el Albert Heijn, que lo vemos desde fuera sin pensar en las pruebas que probablemente rebosan en los platos, bordeándolo hasta llegar al parque por donde paseábamos con Sim. Atravesamos el parque por su camino de arena y piedras y, con la lengua casi por los suelos, llegamos a nuestra ansiada casa. Una vez en ella tumbamos el colchón de cuadros escoceses sobre el suelo y comienza la sesión de estiramientos y abdominales. Mi entrenadora personal, Mary, siempre me obliga a hacer más y más tandas de diez abdominales. Gracias a ella los consigo porque a los treinta o cuarenta no puedo más. Soy un desastre para el deporte, aunque he de admitir que cuando terminas te sientes despejado, libre y con ganas de una buena ducha. 

La mañana la hemos pasado en casa, ni tienda de Marleen ni estudio de Derek. En casa. Solamente hemos salido de ella para ir a correr y para ir en busca de unas naranjas a la tienda turca, ya que hemos encontrado una oferta en la que puedes comprar dos kilos por un euro. ¡Aprovechamos y nos venimos cargados de naranjas! 

Los restaurantes están cerrados por carnaval, así que tampoco nos toca ir a trabajar. El miércoles ya comenzamos con la rutina de los friega platos. Aunque Ana no trabaja los miércoles, pero sí los domingos y los domingos nosotros no. Es un jaleo eso de los días libres de cada uno, ya que los únicos días en el que ninguno de los tres trabaja en el restaurante son los lunes. 

Y en el sofá de casa, con los ojos más cerrados que abiertos, sueños con el colchón que me llama desde la habitación mientras que algún que otro gofre se fusiona en mis pensamientos. Doy las buenas noches y me acurruco entre sábanas y nórdicos. Mañana nos espera otra ruta mañanera y una tarde fregando platos, que con tanto carnaval y días libres se nos habrá olvidado hasta cómo hacerlo. 



Sus ojos viajaban a la velocidad de la luz cuando se adentraba en cualquier supermercado. Su mirada se dirigía a las secciones de chocolate. Conocía todas las marcas, todos los sabores y hasta los orígenes de cada producto. El chocolate era su pasión y, soñando con que algún día pudiera conocer a Willy Wonka y a su fábrica de chocolate, decidió comenzar a realizar la suya propia. Compró miles de tabletas de chocolate, de todo tipo y los transportó hasta su casa. Allí realizaría su propia fábrica de chocolate y, planeándolo todo detalladamente, comenzó completando todas las baldas de su, cada vez más, sabrosa despensa. 





Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

miércoles, 13 de febrero de 2013

"Two bikes, two furious"

11 de Febrero de 2013.

Dos, eran dos. Dos las palabras que se decían antes de despedirse el uno del otro, dos las calles que atravesaban para llegar a sus destinos, dos los cielos que se fusionaban sobre sus cabezas, dos los abrazos que dejaban escapar y dos las horas que se convertían en tiempos eternos. Dos cosas las que jamás se decían y dos sentimientos los que jamás olvidaban. Dos eran los que los miraban desde los bancos de un parque y dos eran los que paseaban siempre agarrados de la mano. Dos, el número que ellos formaban. 



Pensamos si llevarnos las capas de color y las orejas de burro al estudio, pero después de meditarlo con paciencia decidimos dejar nuestros disfraces en casa. A las nueve de la mañana llegábamos a la puerta del estudio, aparcábamos nuestras bicicletas lo mejor que podíamos mientras descubríamos que la furgoneta de Derek no estaba donde siempre solía estar. ¿Dónde estará? Así que intentando salir de dudas nos adentramos en nuestra área de trabajo y saludamos a Bastiaan, uno de los hermanos de Derek, y a Rinske, la chica de prácticas. Mary comienza a pulir lámparas que ya le tenían preparadas y yo me zambullo en la sección de las oficinas junto a Rinske. Creemos que el catálogo ya está del todo terminado, aunque minutos más tarde Willem, el otro hermano de Derek, nos envía unos cambios de texto que modificamos en cinco minutos. Como sigan haciendo cambios y más cambios el catálogo se va a terminar dentro de un año, espero que esto sea lo último. Así que con el catálogo oficialmente, o al menos eso creo, terminado comienzo a hablar con Rinske y le pregunto que dónde está Derek. Su respuesta me sorprende tanto que tengo que ir corriendo a comunicársela a Mary, que continuaba puliendo lámparas. 

“¡Mary!” le digo chillándole al oído, ya que con las máquinas del estudio no nos escuchamos muy bien, a no ser que estemos en la oficina. “Mary que van a venir cinco muchachos más de prácticas con Derek, que vamos a ser ocho aquí trabajando con él” le digo mientras se le va poniendo cara de no creerse lo que le estoy diciendo. “Madre mía, esto va a parecer una escuela” me dice Mary desconociendo dónde van a meter a tantos estudiantes. ¡Ocho! Seremos ocho. Mary y yo ya sumamos dos, aunque yo no soy estudiante. Rinske la tercera. Y Derek aparece con dos chicos que se llaman Rick y Philippe con los que ya sumamos cinco. Rick es un chico holandés, rubio y con gafas que comienza a trabajar en uno de los ordenadores de la oficina. Philippe comienza a garabatear folios sobre una mesa mientras realiza composiciones con piezas de plástico de forma triangular con las que Derek realiza los bocetos de sus lámparas en miniatura. 

Aprovecho la mañana para colocar todo lo que va a formar el estudio fotográfico que tendremos en el interior del estudio. Coloco el chroma blanco que sirve de fondo para realizar fotografías y distribuyo dos o tres focos a su alrededor, todo con la ayuda de Rinske. Varias sillas y mesas de Derek las ordenamos en modo exposición y ya parece que todo está, más o menos, un poco más decente. Derek y su equipo llevan trabajando en el nuevo estudio un par de semanas y parece que llevan un par de años, pues todas las herramientas están en el medio y el desorden se convierte en algo normal y rutinario. 

Más tarde Rinske me ofrece ir con ella al Jumbo a comprar cosas para la hora de la comida y, encantado porque no tenía nada que hacer en esos momentos, le digo que sí. Cogemos las bicicletas y las dejamos en los aparcamientos de bicis del supermercado. Aún no había abandonado mi vehículo y ya estaba rezando para que hubiera miles de pruebas de comidas. ¡Y así fue! El Dios de Holanda me hizo caso y me regaló varias bandejas de queso viejo para probar, trozos de chocolates, una carne un poco rara y hasta unos dulces de nata recubiertos con una fina capa de chocolate. Yo lo probé todo, lo que pasa es que me corté un poco porque Rinske no probaba nada. En ese momento fue cuando me di cuenta de por qué en los supermercados de España no suelen poner muchos productos de prueba. ¡Solamente los españoles nos abalanzamos a las cosas gratis! ¡Si en España pusieran tantas pruebas como aquí no darían a bastos con las piezas de queso! Las perdidas serían mucho más altas que las ventas. Es verdad, tenemos comprobado que el ochenta por ciento de la gente que mete las zarpas en las bandejas de comida gratis son españoles y que por eso siempre están repletas de comida hasta que llegamos nosotros. Me sentí un poco mal y por eso no comí más queso, aunque estaba buenísimo y mi estómago no se cansaba de decirme que cogiera más trozos. Así que intenté convertirme en holandés y no probé nada más. Si llego a estar con Ana o con Mary la cosa hubiera sido diferente, lo sé. Rinske no decía nada, pero me cortaba el royo. ¡Qué royo ir de compras con Rinske! No prueba nada y las pruebas son para eso, su propio nombre lo dice. Prueba, pues yo pruebo. 

Antes de la hora de la comida a Rinske se le ocurre la genial idea de ir a comprar varios paneles porexpan, ya que nos servirán en un futuro como reflectores de luz para las fotografías. Me parece buena idea así que se lo comunicamos a Derek y nos entrega las llaves de su furgoneta. Mary se apunta a la nueva aventura y los tres, con los abrigos y bufandas, nos vamos en busca de un par de trozos de porexpan. 

Le cedo el turno a Mary para conducir y le digo que en el viaje de regreso conduzco yo. Mary ya ha conducido la furgoneta varias veces, así que no hay problema. Utilizando a Rinske como GPS llegamos hasta la tienda donde podemos comprar lo que buscamos, pero al preguntar nos dicen que tenemos que ir a una de las naves que se encuentran continuas al almacén donde estamos. Cogemos de nuevo la furgoneta, ésta vez me adueño del volante, y de nuevo con la ayuda de Rinske llegamos a nuestro destino. Una gran nave se forma ante nosotros, con dos enormes puertas custodiadas por unas barras de esas que se abren y se cierran al paso de los vehículos. Rinske me dice que me dirija hacia una de ellas y, dudando de lo que hago, la barandilla se abre a nuestro paso dejándonos entrar en el interior de la nave. Miramos a nuestro alrededor, aún desde la furgoneta de Derek, y nos percatamos de que nos encontramos en una especie de almacén con estanterías donde puedes realizar la compra desde el coche. Son productos para talleres y los coches circulan por los pasillos de la “tienda”, por llamarlo de alguna manera. Conduciendo entre pasillos, localizamos los paneles de poriexpan y Rinske coge varios. Tras pagar nuestros productos y depositarlos en la parte trasera de la furgoneta regresamos al estudio. 

Conmigo al volante llegamos, sanos y salvos, al estudio. ¡Yo al volante! Es una pasada poder conducir en Eindhoven y olvidar por unos minutos la bicicleta. Ya es la segunda o la tercera vez que conduzco la furgoneta por la ciudad y la sensación que provoca sigue siendo la misma. Cuando la conduje por primera vez pensé que se me habría olvidado cómo hacerlo, ya que no conducía desde hacía meses. Es cuando descubres que eso nunca se olvida. La última vez que la conduje llevaba un frigorífico en la parte trasera, por lo tanto lo del poriexpan fue una tarea fácil. 

Con la furgoneta aparcada en la puerta del estudio y con los trozos de poriexpan aparcados junto al fondo blanco de las fotografías, nos disponemos a comer. Era la una y media del mediodía, más o menos, cuando nos sentamos en una de las mesas más despejadas de la oficina. Derek ocupa uno de las sillas, con Rinske a un lado y con Willem, uno de sus hermanos, al otro. Bastiaan preside uno de los extremos de la mesa. Mary queda rodeada de Philippe y de Rick y yo me adueño del otro extremo de la mesa. Después de hacer el tonto e imitar que bendigo la mesa comenzamos a comer. No estamos acostumbrados a que haya tanta gente a la hora de la comida y bromeamos diciendo que parece que estamos de comunión. No queremos ni pensar qué ocurrirá cuando el resto de estudiantes comiencen sus prácticas. Creo que lo mejor será que comencemos a comer todos en el supermercado, aprovechando las pruebas gratuitas con las que nos alegran los días. Aunque conociendo a estos holandeses Mary y yo acabaríamos poniéndonos las botas. 

Después de comer espero a que Mary termine unas lámparas que tiene que pulir y yo ya no hago nada de provecho en toda la tarde. Ya no tenía ninguna foto que hacer así que Derek, al verme aburrido esperando a Mary, me dice que si me apetece saque todas las plantas de la oficina y las distribuya por el estudio, ya que en la oficina no les da la luz de los ventanales del techo. Así que, sin nada mejor que hacer, cojo todas las plantas y las ordeno por las zonas de trabajo. Ahora el estudio parece una selva y Derek dice que es todo un poco más alegre. Cuando Mary termina nos despedimos de todos ellos y nos vamos a casa, aunque antes pasamos por el Albert Heijn y compramos una bolsa de judías verdes congeladas. Conduciendo las bicicletas como los protagonistas de las pelis de “A todo gas” llegamos a casa. La única diferencia es que nosotros para acelerar no podemos pisar una palanca con los pies, si no que tenemos que pedalear. ¡Así hacemos más deporte! Que tenemos las piernas como las de Robocop. 

Pasamos la tarde los tres en casa. El lunes de carnaval en el que supuestamente íbamos a salir de fiesta y después nadie salió. Así que aprovechamos para ordenarlo todo un poco y pasar tiempo juntos. Mary necesita la mesa del salón para trabajar en el proyecto de su carrera y tiene un problema sobre ella: el puzle que Ana ha dejado a medias. Mary, sintiéndolo mucho, le dice a Ana que tiene que quitarlo de la mesa porque no podemos tener media mesa invadida por cientos de piezas a las que no las puedes ni mirar, porque se caen. Así que, con ayuda de un trozo de cartón, el puzle viaja hasta el suelo y comienza una nueva vida en un nuevo lugar. No sabremos cuánto tiempo durará en el suelo, pero lo considero un lugar mucho más peligroso para su destrucción que en la mesa. 

Mary nos prepara una cena muy rica de la que disfrutamos sin decir ni pío. Una cena sana y natural, que eso de salir a correr por las mañanas hay que compensarlo de alguna manera. Y con el estómago lleno espero a que empiece la primera gala de Gran Hermano. Soy un friki de Gran Hermano y me gusta verlo, es algo que me entretiene y me parece interesante. No sé por qué, pero me gusta ver cómo las personas evolucionan en tan poco tiempo. Obviamente unos para bien y otros para mal, o para muy mal. Me pongo de los nervios cuando el internet falla y la imagen desaparece. Dicen que me relaje y gracias a que Antonio, el chico que nos regaló la guitarra española, me pasó un enlace de internet en el que podía verlo sin ningún problema consigo disfrutar de la gala completa. No saben lo que les espera en cada gala, pues esto acaba de empezar. Desde que llegamos aquí no veía la tele tanto tiempo seguido. Es raro, pero nos hemos acostumbrado a vivir sin tele y nadie la echa de menos. Eso sí, cuando voy al Media Markt me quedo embobado delante de las pantallas de plasma. 



Las calles quedaban en silencio, intentando escuchar el sonido de sus bicicletas. Dos bicicletas que circulaban a velocidad de la luz, atravesando la ciudad en un abrir y cerrar de ojos. Ellos pedaleaban deprisa, tan deprisa que el paisaje viajaba ante sus ojos como lo hacía el viento entre las ramas de los árboles. Nunca se detenían a pensar y la velocidad les invitaba a continuar siendo veloces. Dos veloces que no conocían el significado de la lentitud y dos veloces que viajaban sobre sus bicicletas desenfadadas y furiosas, hasta el fin de las calles, hasta el límite de la ciudad. 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

lunes, 11 de febrero de 2013

"Lo que te hace grande"

10 de Febrero de 2013.

Ella siempre pensó que para ser una gran persona tendrías que realizar buenos actos durante toda tu vida, mientras que él simplemente pensaba que realizando pequeños detalles conseguirías llegar a lo más alto. Los sentimientos, los hechos, los acontecimientos, las dudas y los miedos, los temores y pesadillas, lo que pensamos, lo que no pensamos y en quién pensamos. Todo ello nos hace personas, nos hace fuertes y nos hace sentir grandes. Como ella, que vivía para realizar cosas buenas, y como él, que se dedicaba a regalar pequeños detalles a la vida, vivimos siendo mortales y nuestra meta es sentirse inmortales. 

Como una vez dijo E. Hemingway: “cuando un hombre ama con suficiente pasión aparta a la muerte de su mente, hasta que vuelve como hace con todos los hombres, y es hora de volver a hacer el amor de verdad”. Y tenía razón pues, solamente cuando consigues enamorarte de verdad, tus pensamientos consiguen apartarlo todo de ti, incluyendo a la permanente muerte que nos acecha desde el final del camino. Es entonces cuando evolucionas y consigues volverte inmortal, aunque sea por unos segundos. Y lo inmortal te hace persona, te hace libre, te hace grande. 



El domingo pasa desapercibido si lo comparamos con la locura, la diversión y las fiestas de la noche anterior. El domingo es tranquilo, relajado, cansado y vago. El domingo da pereza, da pereza todo. Tumbado en el sofá, sin tener mucho que hacer, y después de haber comido junto a mis mellis un sorprendente arroz con carne picada, esta vez a Mary no se le olvidó cocinarla, me detengo y mis pensamientos vuelan a su libre albedrío consiguiendo que me transporte de nuevo a la pista de baile donde unos super héroes abandonaron las peligrosas calles de la ciudad para mover el esqueleto como solamente ellos sabían hacerlo. 

La noche comenzó con fuerza. Todos los amigos españoles nos reunimos con nuestros disfraces en el Dr. Ink, el bar al que tanto nos gusta ir los fines de semana, y nos presentamos con nuestros nuevos nombres y vestimentas. Ana nos deleita con su super capa color rojo y una peluca sorprendente que nos deja sin aliento, no olvidando una equis formada en el pecho que la convierte en una heroína muy atractiva; Mónica, la murcianica de pelo Pantene, lucía un modelito con mini falda verde pistacho y capa del mismo color combinado con una super M pegada al pecho y nos lanzaba contra el suelo cuando ondeaba su melena en el centro de la pista; Gianlu se convirtió por una noche en el super héroe Thor, con peluca rubia y martillo de goma espuma incluido; Mateu llamó la atención con una peluca a lo Marylin Monroe y unas gafas de sol tan ochenteras como femeninas; Eva estaba preparada para salvar al mundo con su vestido de super heroína, moviendo las caderas como la que más en la pista de baile; Andrea nos sorprendió con una pizarra colgada al cuello en la que suponemos que dejaría mensajes amenazantes a todo aquel villano que nos prometiera venganza; El Cari se convirtió en un super conejo rosa de peluche que destacaba sobre un grupo de super héroes, supongo que se convirtió en nuestra mascota del equipo; Davinia lució una capa de rayas negras y blancas, combinadas con todos sus complementos; Javi se transformó en el Capitán Salami y ofreció a todos un poco de su embutido; Iñaki no sabía de qué iba disfrazado, y nosotros tampoco; Lidia fue una super heroína muy dorada y su pareja Adrián se convirtió en El Zorro más holandés de toda la fiesta, con espada y antifaz incluidos; Aylim combatió contra el mal con un trabajado conjunto rosa, combinado con todos los elementos posibles, y convirtiéndose en la Super Girl más pink de todas; y Mary y yo fuimos el “¿qué lleváis en la cabeza?” con nuestras super orejas enormes que parecían ser de burro mezclado con duende y combinado con gremlin. La noche fue de lujo, la noche fue super, de super héroes. 

Hago una breve pausa para decir que si me he olvidado a algún super héroe por el camino lo siento mucho, pero como podréis observar el grupo de españoles del sábado fue bastante numeroso y entre capas y antifaces era difícil diferenciarnos los unos de los otros. Con la música penetrando en los oídos, las cervezas refrescando nuestros estómagos y las capas de colores combinándose en el medio del Dr. Ink pasamos las horas sin percatarnos de ellas. Nos reímos y disfrutamos como niños, aunque lo hubiéramos pasado mejor si hubiéramos tenido el espacio al que estamos acostumbrados a tener. ¡El Dr. Ink estaba repleto de gente y apenas podíamos deleitarnos con nuestros bailes y nuestras locuras españolas! ¿De dónde ha salido toda ésta gente? ¡Queremos nuestro espacio de siempre, queremos nuestro Dr. Ink de toda la vida! Incluso a veces la gente conseguía ahogarte con tu propia capa cuando pasaban tras de ti y se refregaban contra tu espalda. ¡Que me ahogo, que me ahogo! Y conseguías rescatarte del peligro dando un tirón de tu capa y trayendo de nuevo a tu cuello a su lugar habitual. Los super héroes podrán salvar el mundo, pero también pueden morir asfixiados con su capa en una noche de baile. 

Sobreviviendo a los malvados villanos que nos robaban el espacio, bailamos hasta las cuatro de la mañana. Y no más porque es la hora en la que cierran los bares y pubs. Acostumbrados a las fiestas de España esto nos sabe a poco, a muy poco. Antes de marcharnos a casa hacemos de todo. ¡Hasta un manual de instrucciones de cómo conseguir realizar veinte o más trajes de carnaval con solamente un trozo de tela! Mónica, Ana y Mary son testigos de cómo utilizo mi capa de super héroe para convertirme en un egipcio, en una monja moderna, en un moro con turbante, en un jeque árabe, en una persona con bufanda, en una persona con soga al cuello, en un perro con collar, en una mujer con falda, en una mujer con vestido, en un mago que hace desaparecer cosas y hasta en un mendigo de la calle que pide monedas a la gente que pasea. Con una tela de tres euros puedes conseguir una infinidad de disfraces de carnaval. ¡Y cuando pasen las fiestas puedes realizarte unas bonitas cortinas para tu salón con super ventanal sin cortinas! 

Y en vez de decir que nos vamos a casa decimos que nos vamos a rescatar a alguna ancianita que cruza lentamente un paso de peatones mientras un coche acelera esperando a que el semáforo vuelva a verde, o a salvar a un pobre gatito del tejado a dos aguas de alguna casa de Holanda o simplemente a volar por los cielos mientras formamos nuestras siluetas sobre la Luna llena al estilo E.T. ¡Porque nuestras bicicletas también vuelan con nosotros! Tenemos capa y bicicleta. ¿Qué super héroe da más? Y con las orejas fabricadas de cartón y tela llegamos a casa, damos la bienvenida a nuestro salón y descubrimos que nadie, ni siquiera el vecino invisible, lo ha recogido y ordenado por nosotros. Maldiciendo el desorden y el caos nos vamos a la cama, añadiendo los disfraces y las ropas a la catastrófica composición que decora nuestra casa. Pedimos a Nicole Kidman, la que vive con nosotros, que nos eche una mano con la limpieza, pero al levantarnos a la mañana siguiente descubrimos que nos hace el mismo caso que Daniel el Travieso le hacía al Señor Wilsom. 

El domingo por la mañana recogemos todo, ordenamos todo, pasamos la aspiradora, limpiamos la cocina y hasta pasamos la fregona. La casa está impecable y rezamos para que quede así por mucho tiempo. A Mary le encanta fantasear que es una bailarina de ballet, o de cualquier otro estilo musical, y con sus calcetines se desliza sobre el suave parquet que la transporta de una punta del salón a la otra sin ningún esfuerzo. Ahora dice que se desliza mucho mejor que antes y que da gusto poder sentirse tan ágil, como si volaras sobre el suelo. Cada vez que se levanta nos deleita con un espectáculo de danza que ni los de El Lago de los Cisnes son capaces de bailar sobre los escenarios de sus teatros, aunque su versión es más bien como La Charca de los Gansos. Eso sí, los calcetines los tendrá llenos de todo menos cosas limpias. 

Ana aún tiene el puzle sobre la mesa a medio terminar o a medio empezar, según como lo quieras ver. Ella dice que le queda lo más difícil ya que solamente le quedan por ordenar las piezas de la parte del cielo y son todas azuladas y blancas. La verdad es que sí que es la parte más difícil de todas pero es que ya ni lo intenta, Mary está harta porque necesita más espacio en la mesa para poder trabajar y dice que el día que menos se lo espere lo quita de en medio. Ana tiene un ultimátum o el puzle, que es al que le peligra la vida. 

Con los cuerpos aún apalancados nos despedimos del domingo y pensamos en el día que nos espera horas más tarde, ya que tenemos que estar en el estudio a las nueve de la mañana y el despertador suena un poco antes de las ocho. Subiendo las escaleras, y pensando en los colchones sobre el suelo y en los nórdicos de segunda mano, nos despedimos de un domingo más y horas más tarde amanecemos en un nuevo lunes. 



Ella, rodeada de cosas buenas, se dejaba impresionar por los fabulosos detalles que él le regalaba continuamente. Él era su persona grande, el más importante y ella se convertía, sin saberlo, en sus mejores deseos, en sus ganas de seguir realizando detalles bonitos y en sus ansias por mantener siendo para siempre, y el uno para el otro, sus personas grandes. 

Y uno de esos días en los que no esperas recibir nada a cambio de nada, en los que tus sueños se ven inalcanzables y en los que tus metas consiguen alejarse como lo hace el horizonte, ella le hizo una propuesta, la propuesta de sus vidas. Le pidió la libertad, las ganas de volar y las ganas de dejarlo todo, le pidió fuerzas y valor, ayuda y compasión. Ella le pidió que la amara para siempre, para el resto de sus días, y él, sin dudarlo ni un momento, se acercó lentamente hasta su rostro, que lo acariciaba contra el suyo, y le susurró las palabras más bonitas que jamás nadie había conseguido pronunciarle. Respiró, llenando su pecho de valor, y dejó escapar al aire, que formaba palabras cuando abandonaba el roce de sus labios. 

“Vayámonos agarrados de la mano, mirando las estrellas desde el firme suelo que nos invita a mantener nuestros cuerpos sobre la tierra; vayámonos como se van las primaveras, dejando a su paso los multicolores pétalos marchitos; como la nieve se escapa del suelo, convirtiéndose en agua cristalina y como los vientos soplan formando tempestades, arrasando con todo menos los amores verdaderos. Vayámonos, de la mano, bien fuerte, y te regalaré la mejor de las medias noches que podrás vivir bajo los cielos de una hermosa ciudad a la que todos conocen como la ciudad de los enamorados. Vayámonos” y se detuvo, escuchando la belleza del silencio combinada con la elegancia de su mirada. Y nadie dijo nada, ni ella, ni él. Simplemente una lágrima recorrió el rostro de la mujer, que había descubierto que podría llegar a ser inmortal. Que había descubierto que su amor era verdadero y para siempre, que había descubierto que con aquel simple detalle el hombre de sus sueños, el que la miraba a escasos centímetros, se había convertido en su persona más importante, en la más grande. Y descubrió el amor verdadero, con una mirada, con unas palabras, con un detalle. 

Es entonces cuando evolucionas y consigues volverte inmortal, aunque sea por unos segundos. Y lo inmortal te hace persona, te hace libre, te hace grande. Porque los pequeños detalles, tus pensamientos y sensaciones, tus miedos y temores, tus sueños y metas, las cosas que piensas, las que no piensas y las que no quieres llegar a pensar, todo lo que te rodea, tu interior y tu exterior y todo lo que te forma es lo que consigue hacerte realmente persona, dándote la ansiada libertad y recordándote, día tras día, que puedes llegar a ser muy grande, tanto como te lo propongas. Porque todo, hasta el más insignificante detalle, es lo que realmente consigue hacerte grande. 





Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.