Una auténtica historia en la que se relatan las aventuras que viven tres amigos cuando deciden marcharse de su país de origen y comenzar una nueva vida a dos mil kilómetros de allí. Holanda se convierte en un escenario perfecto para demostrar que nunca hay que perder la esperanza, que siempre hay que enfrentarse a la vida con la más amplia de las sonrisas y que las mejores cosas ocurren cuando menos las esperas.

martes, 5 de febrero de 2013

"Super precios, superhéroes y otras muchas cosas que también son super"

05 de Febrero de 2013.

Después de haber leído en la página oficial de Muy Interesante un artículo en el que se explicaba que hacer ejercicio por la mañana era un 20% más eficaz que durante el resto del día Mary y yo hemos decidido salir a correr. Hemos abrigado nuestras piernas con los pantalones de chándal, nuestros cuerpos con unas camisetas de aspecto deportivo y alguna que otra sudadera para conseguir no quedarnos pajarito en el intento de mantener un cuerpo diez. Hemos quedado a Ana en la habitación y hemos bajado las escaleras de casa adentrándonos en lo que parecía ser una buena mañana agradable de tiempo estable. 

El sol estaba fuera, aunque las nubes han comenzado a acecharnos desde los cielos, y nuestros pies han comenzado a caminar deprisa sobre las aceras que acompañan de forma continua a los carriles destinados para las bicicletas. Hemos comenzado a correr a paso lento el uno junto al otro. Seguro que no duro mucho. Mis primeros pensamientos son terribles, la respiración se me fatiga enseguida y mis piernas me chillan continuamente que me detenga, que no las haga sufrir de esa manera. Lo admito. Siempre he sido un pésimo deportista y supongo que lo seguiré siendo para el resto de mis días. ¿A quién intentas engañar Dani? Quieres creer que puedes correr quince minutos seguidos sin arrastrar la lengua por los suelos. Pues sí, lo quiero creer y nunca lo consigo. Muy a mi pesar y mucho más a su pesar, al de mi cuerpo, me detengo antes, mucho antes, de terminar nuestro trayecto. No puedo más. El deporte no es para mí. Mary se detiene conmigo y continuamos caminando. Ella dice que puede seguir corriendo, aunque anda a mi lado. ¿Por qué no sigue ella sola? Yo creo que también estaba deseando detenerse, aunque no me lo reconoce. ¡Ánimo Mary! Tú puedes… 

Llegamos a casa con nuestro amigo Flato y lo invitamos a pasar. Miramos la hora y descubrimos que no hemos estado ni veinte minutos fuera de casa. ¡Pues vaya unos deportistas! Creo que tardamos más en vestirnos y ponernos las zapatillas que en hacer el deporte en sí. Antes de ducharse, vestirse y prepararse para irse a la tienda de Marleen, Mary hace varios abdominales sobre el colchón de cuadros escoceses que tanto nos gusta (ironía absoluta). Yo también hago unos cuantos, aunque menos que ella. ¡Qué le vamos a hacer! 

A las doce Mary tiene que irse a la tienda de Marleen porque ella tiene una reunión con algún tipo en Ámsterdam y yo he quedado con la señorita Aylim para ir a comprar algunas telas de colores para nuestros disfraces de carnaval. Mónica, la chica murciana de Murcia (que no es lo mismo que la marciana de Marte), también vendrá con nosotros a convertirse en maruja de mercadillo en el centro de la ciudad. Nos damos prisa, Mary se va y yo espero hasta que un timbre de bici comienza a canturrear en la puerta de casa. Aylim ya está en la puerta, vestida con su sonrisa, su cara de frío y sus ganas de quedarse todo el día acurrucada entre mantas. “Hola Aylim cuánto tiempo. Hace mucho que no te veo”. Puede que me despidiera de ella anoche a las dos o las tres de la mañana, no lo recuerdo bien. Me dice que está congelada, que quiere comprarse una bufanda y unas orejeras y que hace un frío que pela. Super pela. 

Con las bicis como transporte favorito por excepción nos dirigimos hasta el centro de la ciudad, llegamos hasta el centro comercial Piazza y aparcamos nuestros burros en la puerta del Albert Heijn. Aylim se está congelando, parece una cubitera, aunque parece olvidarse del frío cuando descubre que van a abrir próximamente un centro comercial Primark en pleno Eindhoven. Es una fan del Primark y le vuelve loca. 

Todos los martes la plaza del centro se ve ocupada por varios puestos de telas, ropas y frutas, entre otras cosas. La plaza se convierte en un mercadillo. Y allí nos presentamos nosotros, con nuestras ganas de comprar telas de colores y con nuestros sentidos innatos de encontrar cosas baratas. Creo que por aquí no se lleva eso de vociferar los precios de lo que vendes, ni las promociones de bragas a tres euros o las dependientas que bautizan a todo el mundo con el nombre de “María te traigo lo mejor de todo el mercado”. Aquí es todo más silencioso, más aburrido. Supongo que se debe a que en España nos gusta mucho la juerga, tanto que la buscamos hasta en los mercadillos. ¡Barato, barato! 

Rebuscamos telas de colores para matar el tiempo mientras esperamos a Mónica y nos topamos con un puesto que parece que es barato. Hay telas de todos los colores y no están mal de precio. Cada uno tenemos claro nuestro color. Nos queremos convertir en los superhéroes más llamativos de Eindhoven, aunque no sé si pareceremos superhéroes o teletubbies. Cuando Mónica está con nosotros nos encontramos con un puesto en el que los colores nos gustan más y en el que los precios son mejores. Así que tres metros de tela para cada uno y ahora lo que nos toca es coser y cortar. Una tela roja para Gianlu, que quiere disfrazarse de Thor; otra tela roja para Ana; una verde pistacho para Mónica; ninguna para Pedro, que dice que quiere comprarse el traje; otra verde para Mary, que es su color favorito; una rosa para Aylim y una lila oscuro para mí, que me quiero convertir en el villano más malo de todos los tiempos. Lo dicho: seremos superhéroes o los teletubbies. Tanto colorido no nos va a dar mucha seriedad a la hora de combatir contra el mal en los callejones más oscuros de Eindhoven. Lo digo yo. Los malos se van a cachondear de nosotros. 

Cargados de bolsas con telas de colores decidimos dar una vuelta por la calle de las tiendas en busca de unas orejeras y una buena bufanda para Aylim. Entramos en una tienda en la que hace unos días Aylim quedó enamorada de una bufanda cuyo precio era de quince euros. Vamos en su búsqueda, se protege el cuello con ella y descubre que el precio no son quince euros, si no veinte. Aylim se viene abajo e intenta convencerse a ella misma de que la bufanda es fea, aunque sabe que en realidad es preciosa. Así que, superando sus miedos olvidándose de los temblores de su bolsillo, decide hacerse con ella y hace cola en la caja para pagarla. Mónica, mientras tanto y pensando en su tela de color verde fosforito, me dice que ahora solamente ve cosas de color verde pistacho. Suele pasar. Alejados de la escena vemos cómo Aylim entrega a la cajera el dinero con el que pagará la bufanda. Se nota que le duele el precio, pero su cara cambia por completo cuando se gira hacia nosotros y descubrimos que nos han sustituido a nuestra amiga por una sonrisa de oreja a oreja. Aylim nos mira, con los ojos fuera de órbita. “¡Tíos que la bufanda me ha costado siete euros! Que estaba en rebajas” y abandona la tienda dando saltitos como Heidi por el monte. Super precio, super preciosa y super feliz. 

Minutos antes de las dos del medio día nos despedimos de Mónica, que se va a casa, y nosotros dos nos vamos hasta la tienda de Marleen, donde está Mary haciendo el papel de dependienta. Aylim la deslumbra con su bufanda nueva y minutos más tarde se despide de nosotros porque tiene que comenzar a trabajar. Para sorpresa de todos, Gianlu aparece en la puerta de la tienda y saluda a su novia, la amante de bufandas y bolsos, se despide de ella y entra por primera vez en la tienda de Marleen. Los tres pasamos un rato agradable, hablamos de los exagerados precios de las cosas de diseño y dejamos que Gianlu se indigne un poco con el valor económico que se le atribuyen a algunas de las cosas que algunas personas, sin llegar a comprender por qué, compran con la misma naturalidad que nosotros compramos una caja de leche en el Albert Heijn. ¿Tanto dinero tienen como para no saber qué hacer con él? ¿Es necesario amueblar tu salón con sillas de trescientos o cuatrocientos euros cada una? Hay cosas en este mundo que son demasiado sorprendentes como para ser explicadas y, mucho menos, para ser entendidas con cordialidad. 

Dejando el super increíble pero cierto mundo de los diseñadores y sus diseños a un lado continuamos con nuestro maravilloso día. Un día en el que el Sol ha gobernado el cielo, ha dado paso a las nubes que entristecen las calles de la ciudad, más tarde el viento nos ha azotado como a la propia Escarlata O´Hara e incluso nos ha nevado en pleno centro de la ciudad. El tiempo que nadie comprende en esta ciudad. Si alguien sabe cómo funciona que me lo explique ahora mismo. Aunque increíblemente sí que parece que alguien lo sabe. Y ese alguien toma el aspecto del nuevo y lujoso ordenador portátil de Mary. ¡Pues sí! Mary se ha comprado un portátil, pero eso no es lo mejor. Lo mejor es que el portátil tiene una aplicación que te detalla en cada hora del día, durante varios días diferentes, todas las temperaturas, la velocidad del viento, las probabilidades de lluvia y de nieve, y todas aquellas cosas super extrañas que solamente los meteorólogos entienden. Ahora Mary es la chica del tiempo. 

Y con el tiempo cambiando constantemente llegan las cinco de la tarde. Ana tiene el día libre y Mary y yo trabajamos en los restaurantes. Acompaño a Mary mientras cierra la tienda de Marleen. Me cuenta sus ideas para el proyecto de fin de carrera y parece que tiene una buena idea. Ya os lo contaré con más detenimiento. 

Con Mary en Vintage y yo en Auberge Nassau comienza nuestra jornada laboral. A las seis de la tarde Aylim me abre la puerta del restaurante y descubro que tiene un regalo para mí. ¡No tengo nada que limpiar en comparación con lo que tengo que limpiar otros días! Aylim dice que no tenía nada que hacer y que ha comenzado a limpiar a las cinco y media. ¡Muchas gracias! Qué bien. No sabes el gusto que se apodera de ti cuando llegas al puesto de trabajo y descubres que las ollas, platos, vasos, sartenes y demás utensilios de cocina no están apilados en busca de unas manos que los frieguen. Así que mi día ha comenzado relajado y ha continuado más o menos de la misma manera. Sin embargo, a diferencia de mi tarde en el restaurante, hay muchas cosas que sí que han cambiado desde la última vez que nos carteamos. 

Las cosas cambian, al igual que el tiempo alocado que gobierna en los cielos y en las calles de esta ciudad. Ana ha cocinado algún que otro postre en la cocina, ayer fue el cumpleaños de las dos mellizas, Mary tiene un ordenador nuevo y yo me he comprado por fin una cámara de fotos, he puesto mi pelo de nuevo en manos de Mary, he fotografiado a Marleen en su tienda para un artículo de una revista, Ana tiene una bici nueva, el vecino invisible sigue siendo invisible, hay veinte cajas de té rondando por nuestra cocina y parece que no tenemos más goteras en el baño. Las cosas han cambiado, las aventuras han continuado, y todo ello merece ser bien explicado. Para ello es necesario rebobinar y transportarnos hasta unos días antes… 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

miércoles, 23 de enero de 2013

"Keep your head up"

23 de Enero de 2013.

Siempre que necesitas cambios importantes en la vida lo notas, lo notas tan fuerte que hasta es el propio cuerpo el que te pide ese cambio. Esas ganas de evolución y esas ansias de libertad que te dominan. Todo lo que te rodea parece volverse en tu contra, consiguiendo que tus pies comiencen a correr para no detenerse nunca. Nunca. Salvo que consigas toparte con aquel lugar con el que siempre has soñada, aquel que siempre invadía tus mejores sueños. Aquel lugar que consigue mantenerte la cabeza erguida. Pisas fuertes sus tierras y, mirando al frente, sientes que puedes dominar cualquier cosa que te propongas. Cualquier cosa, pues solamente tú eres el propio dueño de ti mismo. De ti mismo y de conseguir mantenerte siempre, sobre todas las cosas, con la cabeza bien erguida. 



Eran las siete de la mañana cuando la alarma de nuestros móviles nos ha extraído de nuestros dulces sueños. Nuestras sudaderas amarillentas se han removido entre los nórdicos y han deseado, al igual que sus dueños, quedarse tan solo media hora más en la cama. Y así lo hemos hecho. Un ratito más. Es lo que todos deseamos cuando suena la maldita alarma. Pobre alarma. No tiene ningún amigo en el mundo: cuando suena la odiamos y si no suena también. 

Eran las ocho de la mañana, una hora más tarde, cuando la radial de nuestro jefe, Will, ha conseguido ahuyentar a todos los cuervos de los tejados gracias a su ensordecedor ruido. Mary y yo nos hemos duchado lo más rápido que hemos podido, nos hemos vestido y después de desayunar nos hemos puesto manos a la obra. Como Manolo y Benito. Hemos subido mi bici de barra alta por las escaleras hasta la terraza y una vez en ella hemos conseguido desencadenarla. La hemos puesto en libertad. Como si de la propia ballena Willy se tratase la hemos rescatado. Mary se ha apoderado de la radial y yo he mantenido tenso el candado que conseguía invalidar a mi bicicleta. ¿Recordáis la escena de “Titanic” en la que Rose tiene que romper unas esposas con un hacha para que Jack no se ahogara en una de las habitaciones del barco? Pues esto ha sido lo mismo. La única diferencia es que en vez de un hacha era una radial, que en vez de rescatar a Jack teníamos que rescatar a una bici y que no había ningún barco que se hundía. Pues eso, que nuestros vecinos dirán que estamos locos. 

Con nuestras manos a salvo, con las cadenas del candado separadas y con una bici liberada damos por empezada la mañana. Ahora mi bicicleta se llama Willy, como la ballena. ¡Liberad a Willy! Y la hemos liberado. Quedamos a Ana durmiendo y comenzamos con el mismo destino de todos los días: el estudio del diseñador holandés novio de Marleen. Derek nos espera una mañana más. 

Menos mal que ya podemos ir cada uno en nuestra bicicleta porque todos estos días atrás Mary tenía que montarse en el porta-paquetes y los viajes hasta el estudio eran terribles. Los veinte minutos en bicicleta se hacían eternos y el suelo convertido en hielo no lo amenizaba mucho, que digamos. Por fin y gracias al Dios de Holanda y gracias a Will por dejarnos la radial volvemos a tener cada uno una bicicleta. Ahora tengo que comprarme un nuevo candado. ¡Los del Action no dan a bastos para candados! 

Veinte minutos más tarde llegamos al estudio de Derek, donde se encuentra el enorme robot que gracias a una configuración de ordenador consigue hacer los productos con plástico fundido. Mary tiene que hacer unas lámparas y yo tengo que continuar con el catálogo, ya que cada día se les ocurre un cambio diferente. A la primera persona que saludamos es a Rinske, aunque no sé muy bien cómo se escribe. Es una nueva chica de prácticas en el estudio. Ha comenzado con Derek ésta semana y es una holandesa muy simpática que no habla mucho inglés. Tiene el pelo moreno, lleva gafas de pasta y siempre nos ofrece chicles en algún momento del día. Le he dicho que podemos aprender juntos mejor inglés. Es bueno para nosotros. Pues empezaremos una nueva convivencia con la chica y un continuo aprendizaje de inglés. Aunque de vez en cuando también se nos fusionan alguna que otra palabra de holandés. No viene mal saber de más. ¿No dicen eso de que el aprendizaje no ocupa espacio? Pues eso, a llenar la cabeza se ha dicho. 

Mary y Derek han tenido un problema con las lámparas, pues parece que una de las partes se ha estallado en todas ellas. Son de plástico, de un buen plástico resistente, y son lámparas para el suelo. Así que los dos, en busca de alguna solución, han tenido que irse a media mañana al nuevo estudio a por unas lámparas nuevas. La cara de Mary ha sido un poema cuando Derek le ha preguntado que si ella quiere ir sola al estudio conduciendo su furgoneta. ¡Qué miedo! ¿Os imagináis a solas a Mary por Eindhoven conduciendo una furgoneta sobre un suelo convertido en hielo? Es muy peligroso y además ella le dice que no puede ir al nuevo estudio sola porque la única vez que ha ido hasta él ha sido en la parte trasera de la furgoneta y no veía nada del camino hasta él. Sí, no es que Derek secuestrara a Mary ni nada parecido lo que pasa es que tuvo que irse a esa parte de la furgoneta con Sim para que la policía no nos llamara la atención la otra noche, ya que íbamos Derek, Marleen, Mary, Sim y yo ocupando tres asientos en la parte delantera. Somos más peligrosos nosotros que el suelo de hielo. Así que, como Mary no se sabe el camino, Derek va con ella y nos dejan a Rinske y a mí al cargo del estudio. 

A la una y media nos ponemos a comer gracias a la comida que han traído Mary y Derek de su viaje al nuevo estudio, donde se muda todo éste estudio dentro de un tiempo. Han ido al Albert Heijn a comprar porque ayer ya no quedaba nada para comer. Solamente un poco de queso y mahonesa decoran una de las baldas de la nevera. Qué tristeza. Está peor que la nuestra. 

Los cuatro comenzamos a hacer sándwiches y comenzamos a hablar en inglés. Hablamos de todo en general, de música española, de torrijas y de cosas un poco subidas de tono. Es increíble que con las canciones españolas tan buenas que existan y solamente conozcan la de la Macarena y la de Aserejé, con bailes incluidos. Mary y yo nos meamos de risa, perdón por la expresión. Ver a Derek bailando la Macarena no tiene precio. También hablamos de las pronunciaciones que tienen en Holanda, de sus jotas y de sus palabras imposibles. Les decimos que parece que siempre están enfadados cuando hablan en holandés y que una frase como “Te quiero” puede llegar a convertirse en un “Juach jacahta ja”, o algo parecido. Se ríen y dicen que es un poco exagerado, pero que tenemos razón. Y cambiando de tema Rinkse nos dice que sabe hacer torrijas. No nos dice “Torrijas” pero gracias a las explicaciones y los ingredientes conseguimos averiguarlo. Dice que un día nos las cocinará. El nombre de las torrijas en español ya es terrible, pero os aseguro que en holandés es peor. 

Derek pone música para crear un ambiente de trabajo más agradable, continuamos cada uno con lo nuestro. Nos gusta mucho la música que escuchamos en el estudio. Cada canción es completamente diferente a la anterior y cada cantante creo que me gusta más que el anterior. ¡Derek! Me tienes que pasar toda esa música. Se trabaja bien con música. ¡Y un rato más tarde Ana viene a visitarnos! Escucho a Mary desde la segunda planta del estudio y me parece que está hablando en español, pero no me queda muy claro. A los pocos minutos sube hasta donde yo y Derek estamos y aparece con Ana. ¡Hola Ana! Saluda a Derek y le ofrece un café. Pasamos un rato todos juntos, le presentamos a la nueva chica y hablamos de todo un poco. Más de la búsqueda de nuevo piso que de otra cosa. Sí, queremos mudarnos o, más bien, necesitamos mudarnos. 

La situación es la siguiente: el contrato de éste piso está a nombre de Ana y mío porque es muy difícil que alquilen casas para más de dos personas en Eindhoven, por lo tanto necesitamos una casa donde podamos vivir sin ningún problema los tres juntos. Ana y yo estamos inscritos en nuestra casa pero Mary aún está inscrita en la pensión. Eso no puede seguir así. Lo tenemos complicado. Es difícil encontrar un apartamento que lo alquilen para tres personas. Intentaremos buscar una solución cuanto antes. Todas las agencias inmobiliarias nos dicen que la ley acerca de los alquileres ha cambiado recientemente y que es muy poco probable que podamos inscribirnos los tres en la misma casa. Es un jaleo, os lo digo yo. ¡Dios de Holanda te necesitamos! No fuera malo que nos cayera la solución del cielo. 

Cuando Ana se despide de nosotros y regresa a casa tomo unas fotos a Mary mientras pule una de las lámparas. Ahora Derek quiere que la gente vea en el catálogo cómo es el trabajo que se realiza detrás de sus lámparas y puede que quede bien que saquemos a Mary puliendo en una de las páginas. Creo que Mary se ha puesto guapa para la ocasión, aunque ella dice que no. No me lo creo. No todos los días uno sale en un catálogo de uno de los diseñadores más importantes de Holanda. 

Ahora, unas horas más tarde, estoy sentado en el sofá de nuestro salón. Tecleo las últimas palabras de ésta carta, me detengo, las medito y las escribo. Hoy es miércoles y debería estar limpiando platos pero el restaurante hoy no tiene mucha gente y me dijeron ayer que no era necesario que hoy fuera a trabajar. El mes de enero está siendo un poco desastroso en el restaurante, ya que está teniendo muchos días malos. No importa, ya vendrán tiempos mejores. 

La bicicleta de barra alta ya tiene un nuevo candado y ya está aparcada junto al árbol de nuestra puerta. Tendré más cuidado esta vez con las llaves. Seguro que ahora que el candado antiguo está cortado por la radial aparecen las llaves. Seguro, esas cosas siempre pasan. Continuaré con la búsqueda de piso. La situación de búsqueda parece repetirse. Nos acordamos de las semanas que vivimos en el albergue y en la pensión y en las mañanas y tardes de búsquedas de apartamentos. Fue terrible, fue desesperante. Ésta vez lo llevaremos con más calma y con más experiencia. Relajado en el salón comenzaré a ojear más apartamentos, hasta que me quede dormido. Mañana también toca madrugar. La única diferencia es que no tenemos que levantarnos una hora antes para cortar el candado de una bici con una radial. ¡Vecinos sentimos las molestias causadas en vuestras ondas sonoras! Lo sentimos, necesitábamos rescatar a mi bici de su cadena perpetua. ¡Liberad a Willy! 



Con las manos en los bolsillos consigues llegar al lugar más deseado de la tierra o, tal vez del universo. Cierras los ojos y respiras el aire más puro que jamás ha invadido tus pulmones. Tu cabeza sigue bien erguida, es como debe estar. Sientes el frío aire que azota con delicadeza tu rostro. La melena ondea gracias al viento. Todo lo consigues con los ojos cerrados, con las manos en los bolsillos, si llegas a proponértelo. Escuchas la brisa del mar, aunque no exista ningún mar cercano. Sientes el calor del fuego, aunque tus pies estén en contacto con el hielo. Puedes vivir lo que realmente más desees, lo que más ansíes, lo que más veces aparezca en tus sueños. Cualquier cosa. Cualquier cosa, pues solamente tú eres el propio dueño de ti mismo. De ti mismo y de conseguir mantenerte siempre, sobre todas las cosas, con los pies en la tierra, las manos en los bolsillos, los ojos cerrados y la cabeza erguida, bien erguida. 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.



martes, 22 de enero de 2013

"Los días de después"

22 de Enero de 2013.

Después de tantos días sin recibir ninguna carta hoy he decidido enviar alguna, aunque no sea como todas las demás o no, al menos, a como las que os tengo acostumbrados. Los días pasan y las cosas siguen yendo bien, siguen mejorando. El tiempo parece volar en Eindhoven, las semanas desaparecen ante tus ojos y pareces no percatarte de ellas. Es inevitable no sentir el paso del tiempo y el paso de todos esos días que con su rápido desenlace van evolucionando desde los días de después al día en el que vivimos, y con un poco más de tiempo terminan convirtiéndose en los días anteriores. 

Hoy nos toca vivir los días de después. A mí me toca vivirlo en el estudio de Derek, el novio de Marleen. Mi cuerpo se encuentra casi pegado como a una lapa a una de las pocas estufas que hay en el lugar. Hace mucho frío en estas semanas y hace mucho frío, más aún, en el estudio donde Mary y yo trabajamos algunos días. Ana está en casa, supongo que se habrá pegado una ducha o estará ordenando todo el caos que invade cada día nuestro hogar. Son las doce, así que supongo que Mary ya va camino de la tienda de Marleen o ya está en ella. Hoy le toca quedarse todo el día a solas enfrentándose al público tras el mostrador de aquella acogedora tienda de diseños de Smalle Haven. Yo he llegado a las nueve y diez minutos al estudio. Después de unos veinte minutos en bici desde casa he conseguido aparcar la bicicleta junto a la furgoneta de Derek y con un “Good morning” he conseguido entrar a mi lugar de trabajo mañanero, rezando por no congelarme en el intento. 

Hace unas semanas recibí un correo electrónico de Derek. En él se me ofrecía la posibilidad de hacerle un catálogo de sus productos de plástico reciclado. Me preguntaba si yo estaría interesado en tomar las fotos, en editarlas y en encargarme de todo lo que un catálogo conlleva. Le dije, sin dudarlo ni un momento, que allí estaría yo disparando flashes contra sus productos de diseño. Y dos semanas más tarde aquí estoy, sentado en una de sus gruesas mesas de plástico finalizando un trabajo que parece que me enlazará con otros muchos más. Ya os contaré. 

Todos los días anteriores a éste me levantaba temprano para estar en el estudio a las nueve de la mañana. Mary ha venido a trabajar aquí muchos días. Ahora le han dividido las semanas y han decidido que trabaje dos días en la tienda, dos días en el estudio y que haga lo que quiera con el día restante. Supongo que elegirá pasarlos en el estudio, pues se lo pasa mejor que en la tienda, aprende más y se le da muy bien todo eso relacionado con las herramientas y demás cosas. 

Ahora Ana ya es la propietaria oficial de la bicicleta que en su día le compre a Gianlu, el novio de Aylim, y yo me he quedado oficialmente con la bicicleta de barra alta que tomamos prestada de enfrente de la puerta de Andrea. La bicicleta que está ahora aparcada no es ninguna de ellas, si no una nueva. Una nueva que pertenece a Mary y que se compró por ocho euros con el fin de devolverle a Marleen la suya. Pues sí, habéis leído bien. Mary consiguió una bicicleta por ocho euros en uno de los negros que se pasean por el centro a las tantas de la madrugada en busca de clientes. ¿Por qué tengo ahora la bicicleta de Mary en la puerta del estudio y no la mía de barra alta? Pues porque he perdido las llaves del candado y desde hace unos días mi bici vive encadenada en la puerta de nuestra casa, apoyada en el tronco del árbol que ahora está nevado. 

Tenemos solución para rescatar a mi bici, ya que Will, el jefe del restaurante, nos ha dejado una radial para poder cortar el candado. ¡Qué majo es! Nos ha dicho que tengamos cuidado con las manos y que si es posible que no nos las cortemos. ¡Sin ellas no podríamos seguir limpiando en los restaurantes! La radial está en casa y la bici sigue encadenada. Es pura pereza o falta de tiempo, no lo sabemos. 

Tenemos dos buenas noticias y dos malas noticias. Las buenas son que la ciudad está completamente teñida de blanco desde hace unos días y que ya tenemos un lavabo reparado y en condiciones. Las malas son que pasados unos días de haber nevado el suelo se convierte en capas de hielo y es muy peligroso y que ahora vivimos con miedo a intentar que nuestro suelo del servicio no se vuelva a llenar de pedacitos de porcelana. ¡Vivimos unos días con el suelo lleno de porcelana! Hasta había unas bragas de Mary enterradas bajo los escombros del lavabo. Sí, las quité antes de que el fontanero llegara a casa. Os preguntaréis cómo acabó el lavabo de esa manera. Ya os lo contaré, no seáis impacientes. 

Ayer tuvimos el día libre los tres, al menos sí en los restaurantes, porque Mary y yo vinimos de nuevo al estudio hasta las seis o las siete de la tarde. Después nos fuimos al Burguer King y los tres disfrutamos de una buena hamburguesa con extra de queso, ración de patatas fritas y una coca cola que burbujeaba en nuestra boca como ya no lo suele hacer mucho. Ahora lo que se lleva es la cerveza, aunque sigue sin convencerme mucho. Ana ocupó una de las mesas del local, en el interior de la estación de autobuses, ocupé una de las sillas con todas las ropas y bolsos que nos sobran y Mary llenó la mesa de hamburguesas y coca colas. Las disfrutamos como niños, como niños grandes. 

Aquí, en el estudio, comen todos los días entre la una y las dos del mediodía. Lo peor no es eso, lo peor es que comen todos los días sándwiches y nosotros, obviamente, también tenemos que comerlos. A mí me encantan los sándwiches. Disfruté en la pensión con ellos y ahora vuelvo a disfrutar de ellos. El destino pone sándwiches en mi camino y si es así cómo el destino lo quiere no lo desobedezco y me los como. ¿Qué hora es? Las doce y veinte, ya queda menos para que la mesa se llene de productos del Albert Heijn y de pan tostado para rellenarlo y untarlo de cosas ricas. 

Marleen ha llegado ahora mismo al estudio y ha estado en Ámsterdam, de ahí a que Mary esté sola en la tienda. Dice que ha llegado tan pronto porque han cancelado la cita y que ahora Mary podría estar en el estudio y no en la tienda. ¡Qué casualidad! Mary acaba de llamarme al móvil y ahora en vez de conmigo está hablando con Marleen. Ya hay demasiada confianza entre nosotros. Tanta que el otro día fuimos por pleno centro de Eindhoven montados en los asientos de delante de la furgoneta junto con Sim, el perro. Marleen, Mary encima de mí, Sim en los pies y Derek al volante. Fuimos a comprar una botella de alcohol y nos la bebimos disfrutando de las instalaciones del nuevo estudio que han alquilado para un nuevo periodo de meses. 

Así continúan los días, con lavabo nuevo y con los suelos de la ciudad congelados. Seguirá haciendo mucho frío en el estudio, aunque yo lucho contra él arrimado lo más que puedo al radiador y con la camiseta negra térmica que mi yaya me regaló por Navidades. No me la he quitado desde que me la puse por primera vez. 

Intentaremos desencadenar mi bicicleta y devolverle lo antes posible la radial a Will. El catálogo va bien, ya os lo enseñaré. A veces me gustaría que los días tuvieran más de veinticuatro horas, quizás resultarían demasiados extensos al principio pero al volveríamos a necesitar horas al paso del tiempo. 

Los días seguirán pasando, igual que la nieve seguirá cayendo en nuestros tejados. Los días de mañana se convertirán en los de ayer y los días de después en los anteriores. La recta final para superar éste primer mes del año ha comenzado. Esperamos con ganas los cambios, las nuevas sorpresas y las nuevas emociones. Enero es la toma de contacto, pensaremos en él los días de febrero. Febrero será diferente. Continuaré con las cartas cada vez que pueda, cada vez que los días me lo permitan. Cada vez que los días me den paso a los días de después. 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.