Una auténtica historia en la que se relatan las aventuras que viven tres amigos cuando deciden marcharse de su país de origen y comenzar una nueva vida a dos mil kilómetros de allí. Holanda se convierte en un escenario perfecto para demostrar que nunca hay que perder la esperanza, que siempre hay que enfrentarse a la vida con la más amplia de las sonrisas y que las mejores cosas ocurren cuando menos las esperas.

domingo, 11 de noviembre de 2012

"El segundo de los segundos"

02 de Noviembre de 2012.

Hay momentos que quedan grabados en la memoria para siempre, quedando impregnados en los recuerdos que nos acompañarán el resto de nuestros días. Hay momentos que ocurren en un segundo especial, en el segundo en el que ocurren las cosas especiales. Esos segundos que marcan el comienzo de las cosas y que miden el tiempo detalladamente. Los mejores segundos son los que no esperas que lo sean, pues el primero de ellos ocurre sin más pero el siguiente nunca sabes si llegará a producirse. Disfrutas del primero, pero el segundo de los segundos llega y se marchita en el tiempo, provocando el inicio de una nueva trayectoria de recuerdos que siempre quedarán almacenados en lo más profundo de nuestros inmejorables segundos imborrables. 



Después de tomar unas cervezas tras mi primer día en el restaurante Ana y yo nos vamos a casa, hablamos con Mary de todo lo que hemos hecho durante el día y ella nos cuenta qué ha hecho en el suyo. Y los días terminan acurrucándonos entre nuestros nórdicos de segunda mano. 

La mañana llega y, gracias a nuestros simpáticos vecinos, podemos conectarnos a internet gracias a nuestra particular contraseña “Extremadura”. Nos ponemos al día de todo lo que ha pasado en el mundo, volvemos a clicar sobre los “Me gusta” de las fotos del Facebook y publico un resumen de lo que nos ha pasado desde que no tenemos internet. Mary y yo nos despertamos, quedando a Ana en la cama que no es cama, y arreglamos un poco la casa, que se desordena cada día más. Mary, un día más, se va a la tienda de Marleen para seguir con sus prácticas de diseño y Ana y yo nos quedamos en casa. 

Por la tarde comemos unos macarrones con tomate a los que le añadimos un poco de cebollas y unas salchichas, de la misma marca que las que comprábamos cuando estábamos en el albergue y aún comíamos sobre moqueta. ¡Qué tiempos aquellos! Quién nos iba a decir a nosotros que íbamos a mudarnos de la moqueta. Los macarrones no quedan mal. Ahora la comida sabe mejor que antes. ¡Es como en casa! Tenemos mesa. ¿Algún día nos atreveremos a hacer unos garbanzos o lentejas? 

Y dentro de unos días tenemos nuestra primera fiesta oficial, ya que Aser hace los años y nos ha invitado a su fiesta de cumpleaños. Se celebrará en casa de otro chico español y harán una cena para todos, ya que son los cocineros del restaurante “Señora Rosa”. Nosotros pensamos en comprar los ingredientes para hacer unas pizzas, ya que hemos pasado todo el verano comiendo pizzas caseras y ahora tenemos mono de ellas. ¡Qué pena que no tengamos horno en nuestra casa! ¡Qué ricas aquellas pizzas que preparábamos casi todas las noches de verano! La verdad es que un mes antes de mudarnos a Holanda dijimos que no nos importaban los kilos de más y decidimos comer todo lo que nos apetecía, ya que sabíamos que las primeras semanas aquí serían muy duras en todos los sentidos. Ahora, después de varias semanas, podemos cocinar y comer caliente. La idea del cumpleaños nos encanta, estamos deseando de asistir a la fiesta y de conocer a más gente de la que ya conocemos. Además, dicen que van a intentar conseguir un karaoke para ambientar un poco la fiesta. ¡Queremos cantar! Qué emoción, pero para eso aún quedan unos días. 

Después de nuestros deliciosos macarrones, Ana se ducha y se prepara para irse a trabajar. Es muy probable que hoy nos avise cuando salga del restaurante y vayamos todos a tomar algo, pero para eso necesitamos asegurar la bici de Marleen con un candado. Cuando me despido de Ana me dirijo hasta la tienda en la que hay de todo por precios muy baratos y compro un candado para atar la bici, por si salimos de fiesta y alguien intenta robarla. Miles de bicis llenan el centro de la ciudad y miles de jóvenes con unas copas de más circulan por las calles a altas horas de la madrugada. ¡Menos mal que por aquí hay pocos coches! 

La tarde la paso sin más, sin Ana y sin Mary, con mis pensamientos y nuestros momentos de reflexión. Todos necesitamos estar solos alguna vez o, al menos, yo lo pienso de esa manera. ¡Qué mejor manera de hablar contigo mismo que estando a solas contigo mismo! ¡Lo que cambia la vida con tan solo coger un avión y una maleta! “Con lo a gusto que estamos en nuestras casas, con la comida hecha y rica, con nuestras habitaciones y nuestras camas, el armario lleno de ropa y todo a nuestro alcance. ¿Por qué nos venimos aquí, casi sin ropa, a comer en el suelo y a pasar penurias?” dijo, bromeando, un día Mary. Pues porque nos gusta arriesgar, ver y conocer cosas nuevas. Nos gusta aprender y nos aburre la monotonía. Somos seres inquietos que por naturaleza buscan continuamente nuevos horizontes. Y nuestros horizontes se convierten en metas por las que pelear, cosas por las que luchar y miles de sueños por intentar ver hacerse realidad. Es duro, es arriesgado. Pero como bien dijo algún día alguien sabio: “Quien no arriesga no gana”. Y nosotros, a base de riesgos, seguiremos intentando ganar. O al menos a participar, ya que, como también nos decían de pequeños al no quedar primeros en algún juego, lo importante no es ganar si no participar. ¡Pues ala! A participar se ha dicho. Y aquí estamos, participando. 

Mary llega a casa y por fin consigo hablar con Daniela, la chica diseñadora que necesita un diseñador gráfico. Gracias a Marleen contacto con ella y hablamos por teléfono. ¡Sabe español porque ha estudiado algunos años en Portugal! Y ya tengo una cita con ella. El lunes en su estudio, que está muy cerca de nuestra casa, a las dos y media. Hablaremos de todo lo que podemos hacer juntos. ¡Qué ilusión me hace! 

Mary dice que mañana solamente va a ir dos horas a la tienda para seguir hablando del diseño de la casa con la que están trabajando ahora, que una de las mesas que ha diseñado Derek la han vendido al restaurante de al lado de la tienda y que una diseñadora, amiga de Marleen, ha llegado a la tienda y las ha invitado a una botella de vino. ¡Mary ha estado trabajando en la tienda mientras disfrutaba de una copa de vino! Qué bien viven estos diseñadores. 

Como esta noche tenemos pensado salir a tomar algo y las cervezas, que es lo más barato que aquí te puedes tomar en un pub o en una discoteca, siguen siendo caras para nuestro bolsillo actual, decidimos ir al Albert Heijn y comprar unas cervezas a un precio más barato. Nuestra idea era beber algo en casa y después, cuando Ana nos llame, salir con algo ya bebido. Así que compramos algunas cervezas a un buen precio y una ensaladilla de las de un euro, de las de toda la vida en Eindhoven. Las echamos de menos y a Mary se le antojan de vez en cuando. ¡Nos la llevamos! 

Y al final, después de una exquisita cena, nos quedamos sin ganas de nada. El pollo que hemos preparado, aliñado con una de las salsas que nos quedamos de la chica que se mudó a Londres, aún sabe en nuestras bocas. ¡Ni una cerveza llegamos a probar esta noche! Aunque creo que Mary sí que abre una, pero no se bebe ni tres tragos. Ana sigue en el trabajo, yo me quedo dormido en el sofá y Mary ve una película. Nuestra noche no tendría que haber sido así, pero no importa. Ya saldremos otro día. ¡Y una fiesta de cumpleaños, con cena y karaoke incluidos, nos espera a la vuelta de la esquina! 

Recuerdo las pizzas de este verano, horneadas en su punto, y con bordes de esos que consiguen que te olvides de todas tus penas. Recuerdo sus olores, mejores que los de cualquier fragancia que puedas disfrutar. Lo siento. Voy a por un pañuelo. El teclado se ha llenado de babas y mis ojos lloran de la emoción. 



Los mejores segundos son esos en los que recibes una buena noticia, en los que consiguen cerrar una maleta, en los que consigues una respuesta que creías perdida. Los mejores segundos son esos en los que lloras de emoción, en los que piensas en tus pensamientos y en los que recuerdas tus recuerdos. Los mejores segundos son esos en los que una salsa desconocida invade tu plato de comida, en los que una ensaladilla de un euro te hace tan feliz como le hace una piruleta a un niño. Los mejores segundos son esos en los que la mejor de las fragancias invade tus sentidos, anunciándote que ya puedes disfrutar de la mejor masa horneada que ha conseguido obtener jamás la mejor de las pizzas. En el primero de todos los segundos es cuando la hueles, en el segundo de los segundos es cuando la disfrutas. 

Los segundos llegan y se marchitan en el tiempo, provocando el inicio de una nueva trayectoria de recuerdos que siempre quedarán almacenados en lo más profundo de nuestros inmejorables segundos imborrables. 


Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

sábado, 10 de noviembre de 2012

"Halloween: Suitable for Spanish"

01 de Noviembre de 2012.

Aquella noche una de las chicas colocaba todos los cacharros que en la cocina estaban en el medio, inventando un sitio donde poder colocar todos los vasos, los platos y tazas de desayuno. La noche debería de haber sido diferente, sin embargo allí estaba ella. Fregando y recogiendo platos, rodeada de cajas de cartón y de bolsas de plástico, también repletas de cosas por colocar en unos estantes que no había. Con uno de los palletes de madera, que días antes habían recogido de la calle, improvisó una útil estantería, donde pudo colocar todos y cada uno de los paquetes de comida que iba sacando del interior de cada bolsa. La noche debería de haber sido diferente. Eso estaba más que claro. Por suerte, al otro lado del pasillo, mientras un simpático fontanero arreglaba un escape de agua de la ducha, su hermana y su amigo adornaban, en el día de Halloween, el salón de la casa con luces de Navidad y, para animar un poco la noche, lo hacían mientras bailaban y disfrutaban de unas populares sevillanas españolas. 

Y varias horas más tarde llegó el uno de noviembre… 



Uno de noviembre y parece que el tiempo vuela en esta ciudad, con Ryanair o sin él pero vuela. Parece mentira que hace más de un mes que nuestro avión aterrizó en el suelo de esta ciudad y que nos encontráramos perdidos en una ciudad que ya casi nos sabemos como la palma de nuestras manos. Parece mentira y, sin embargo, hemos hecho muchas cosas en el tiempo que llevamos por aquí. Sea lo que sea y parezca lo que parezca está claro que el tiempo se va volando. 

El día ha sido tranquilo y diferente a la vez. Tranquilo porque apenas hemos pasado tiempo juntos y diferente porque hemos pasado mucho tiempo separados. Ana se ha ido a trabajar a “Señora Rosa”, Mary se ha ido a la tienda de Marleen y yo he ido a hacer mi prueba en el restaurante “Vintage”, uno de los dos que tiene la jefa. 

Por la mañana seguimos sin señales de nuestro vecino invisible, pensamos incluso en hacer ruido a posta para que suba a quejarse y por fin descubramos su misterioso rostro. Pero parece que hagamos lo que hagamos no va a dejarse ver. Y nuestro vecino de abajo no da señales y creemos que el vecino de la casa de enfrente ha podido verle los pechos a Mary, ya que no suele haber cortinas ni persianas en los ventanales de los salones y por aquí vamos como en casa, que ahora es nuestra casa. No nos acostumbramos a compartir nuestra intimidad con el resto de personas. ¡Nosotros vemos todas las tardes cómo cenan la pareja de enfrente! Mary tiene que aprender a andar con más cuidado. Aquí no hace falta que las paredes tengan ojos, porque ya lo hacen los ventanales por ellas. 

¡Incluso hay un ventanal, que se comunica con la terraza y con un montón de jardines, en el baño! Pero la ventana del baño sí que tiene persiana. Menos mal porque seríamos el punto de mira de todos los vecinos. Hasta ahora hemos tenido que ducharnos en la bañera, si es que se podía hacer eso, porque todos los intentos de ducha acababan siendo baños relajantes de una hora. ¡En el precio mensual está incluido el gas, la luz y el agua! Pues habrá que aprovechar. La bañera se llenaba hasta arriba y nuestros cuerpos se sumergían en el agua caliente. Me gustaban esos baños, de los cuales podemos seguir disfrutando, pero a mí me gusta ducharme. Y gracias a que el chico fontanero arregló anoche nuestra ducha ya podemos refugiarnos entre las mamparas del baño. ¡Qué gusto da poder elegir entre ducha y baño! Tengo prisa y huelo mal: ducha. Tengo tiempo, estoy estresado, necesito relajarme y huelo bien: baño. Un lujo que queda compensado por el misterio del vecino y todo lo que nos envuelve últimamente. 

El ambiente de misterio en nuestro apartamento sigue rondando entre las paredes, aunque parece que comenzamos a pasar un poco de todo para conseguir vivir en la paz y tranquilidad. Mantenemos la calma. No conocemos al vecino de abajo. No pasa nada. Llegan cartas que se amontonan en la puerta sin ser abiertas. No pasa nada. Dos tipos en una furgoneta aporrean nuestra puerta en busca de alguien. No pasa nada. Huesos de animales se resguardan en el hueco de la escalera. No pasa n… ¡Aquí pasa de todo! 

Ana sigue bien en su trabajo, ya conoce a mucha gente y cada vez se siente más a gusto allí. Después de trabajar siempre sale con sus compañeros a tomarse una cerveza, así que probablemente hoy también lo haga yo. Quedo con Aylim, la chica que me consiguió la entrevista, a las cinco y media y juntos nos vamos al restaurante. Al llegar allí me presenta a los cocineros, a la cocinera y a varias camareras. Me explica en qué consiste mi trabajo un poco rápido y todo por encima y me pongo manos a la obra. Al igual que Ana en su restaurante, tengo que lavar platos, cubiertos y toda clase de utensilios de cocina, meterlos en un lavavajillas que lava a velocidad de la luz, secarlos y colocarlos cada uno en su sitio. Como era de esperar mi primer día ha sido un poco caótico, pues no sé donde hay que colocar la mayoría de las cosas y las cosas limpias se amontonan suplicando ser llevadas a sus sitios correctos. Gracias que hay una chica, que resulta ser la encargada del personal, y a una cocinera que me ayudan mucho y me orientan muy bien. Por desgracia para mí Aylim ha trabajado en el otro restaurante y no ha podido estar ahí para ayudarme. ¡Me ha venido bien! Así me desenvuelvo mejor con todo el entorno de la hostelería y con mi entorno propio. ¡Ana ahora sí que somos los dos Cenicientas, y no cuando limpiamos de pelos nuestro piso! 

Mary, que sabía que hoy Ana y yo terminaríamos tarde, no quería quedarse en casa después del trabajo en la tienda así que se lo ha comunicado a Marleen y ella le ha invitado a ir a su casa después del trabajo. Han cenado Mary, Marleen y Derek, junto a Sim, el perro labrador de la pareja, y han charlado de todo en general. Marleen le dice a Mary que un fin de semana próximo ella y Derek van a viajar hasta Irlanda y que si es posible que nosotros nos quedemos con Sim un par de días. ¿Sim en nuestro nuevo apartamento? Obviamente Mary le dice que sí, que no hay ningún problema y que nos gustan los perros. Pues ala. Dentro de unos días Sim visitará nuestra casa. Mary regresa a casa y espera despierta hasta que Ana y yo regresemos. 

Casi al final de mi jornada Aylim llega del otro restaurante, me pregunta que qué tal me ha ido y me ayuda para acabar antes. ¡Gracias! Se porta muy bien conmigo y con todos nosotros. Al apagar el lavavajillas, quedar todo ordenado en su sitio y todo el suelo limpio, tanto el de la cocina como el de la sala donde limpio, nos vamos a tomar una cerveza. Aylim y yo salimos del restaurante, con esperanzas de que vuelvan a llamarme, y nos dirigimos hasta un bar en el que hay más de ciento cincuenta tipos de cerveza. Nos pedimos una, aunque a mí no me agrado mucho su sabor y esperamos hasta que Ana y el resto de amigos terminen su jornada en “Señora Rosa”. Al ver a todo el mundo en la calle Aylim me hace una inteligente aclaración: “Los que van en manga corta son de Holanda y los que llevan abrigo y bufanda son extranjeros”. ¡Qué sencillo! Aunque sigo sin entender cómo con este frío puede haber gente que salga a la calle con los brazos al descubierto. ¡Muchacho! ¡Que llevo tres mangas y aún tengo la piel de gallina! 

Después de un par de cervezas todos juntos nos vamos a casa en bicicleta. Andrea transporta a Ana en la suya y yo transporto a Aylim en la suya. Es una locura ir a casa después de fiesta en una bici. Me sabe un poco mal haber estado por ahí sin Mary, tengo ganas de que salgamos de una vez los tres juntos a tomar algo. Esperemos que llegue pronto ese día. De todos modos es jueves y los pubs los cierran a las dos de la mañana, a esa hora nos vamos a casa. Mary nos ha esperado despierta. Hay muchas cosas que contarnos. El día ha sido tranquilo y diferente a la vez. Tranquilo porque apenas hemos pasado tiempo juntos y diferente porque hemos pasado mucho tiempo separados. 



La noche anterior… 

Ana y Dani decoraban el salón con las luces que habían adquirido gracias a la chica que se había ido a Londres. Las luces que decoran las casas en las épocas navideñas decorarían su casa a partir de aquella noche, la noche de Halloween, y, probablemente, los alumbrarían hasta pasadas las Navidades. El fontanero continuaba con el problema de la ducha, mientras miraba de reojo el espectáculo que había formado en el salón y en la cocina, y, de vez en cuando, dejaba escapar una sonrisa. Supo que eran españoles e, incluso, pudo haberse dicho a sí mismo que en estos tiempos que corren alquilan casas a cualquiera. La fiesta rociera continuaba en la casa, celebrando de aquella manera la noche más terrorífica del año. Los bailes comenzaban en el salón, continuando por el pasillo y finalizando en la cocina, que poco a poco parecía menos un mercadillo. Los tres bailaban, lo mejor que podían, las animadas sevillanas bajo la luz de unas luces de Navidad. Las carcajadas retumbaban en los rincones de la casa, sin importarles nada ni nadie, las sonrisas eran permanentes y el sonido de las palmadas acompañaba el dulce sonido que producía la felicidad, aquella que se desprendía por todas las paredes de la casa. Aquella noche sería diferente. 

El fontanero, en aquel momento, supo que aquello era una noche de Halloween solo apta para españoles. 

“¡A bailar, a bailar, a bailar alegres sevillanas. Todo el mundo a bailar, a bailar, a bailar, ven conmigo a bailar!” Olé, olé. 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

viernes, 9 de noviembre de 2012

"La montaña holandesa"

31 de Octubre de 2012.

Hoy ha sido un día cargado de subida y bajada de emociones, parecemos una montaña rusa, solo que en este caso sería una montaña holandesa. Risas, esperanzas y sueños que rozamos con la punta de los dedos. Parece que las cosas van mejorando poco a poco en la casa tan misteriosa de una calle llamada Rubensstraat. 

Mary y yo vamos hasta la esquina de al lado de casa, donde dejamos la noche anterior el carro de la compra. Nadie se lo ha llevado de su sitio y nos lo llevamos de nuevo hasta la casa de la chica que nos ha vendido sus cosas, pues anoche fue su última noche en Eindhoven y esta mañana ha volado hasta Londres. Hoy nos toca por fin recoger las últimas cosas que nos ha dejado, entre ellas los colchones que tanto ansiamos y que nuestros cuerpos tanto necesitan. 

Llegamos al piso de la chica, abrimos con las llaves que nos quedó anoche al despedirnos de ella y entramos en búsqueda de nuestros colchones. Además de ellos nos ha dejado un montón de cosas que nos pueden servir y que no ha conseguido vender a nadie. Mary y yo nos ponemos como locos al ver todas las cosas que nos ha dado. Muchas bolsas llenas de cosas nos esperaban en el descanso de la escalera. ¡Llenamos nuestro carro de la compra de colchones, cojines y fundas que no sabemos de donde son pero que nos las quedamos! Una vez todo a esperas de ser transportado comenzamos nuestra ruta hasta casa. Y ¡¡¡Paaaaaafff!!! Uno de los maceteros gigantescos que decoran la entrada del piso que hemos desalojado ha visitado el frío suelo, provocando un estruendo que consigue que Mary ponga una cara de pánico total. El macetero queda tumbado en el suelo porque uno de nuestros colchones le ha empujado sin querer, la maceta que había en su interior ha derramado un poco de estiércol en el suelo y al ver la situación es imposible parar de reír. Levanto el macetero y Mary barre con los pies los restos de estiércol que pueden delatar nuestra accidentada acción. ¡Dios de Holanda perdona los pecados de nuestros colchones que empujan a maceteros inofensivos! Y ahora sí que somos vagabundos que empujamos hasta nuestra casa un carro lleno de cosas donde dormir. Dejamos el resto de las cosas en el piso y nos vamos con los colchones hasta nuestra casa. Al cruzar la calle una chica montada en bici cubierta con un gorro y una bufanda se nos queda mirando y nos grita en forma de saludo. “Mary, creo que ha dicho Ana” y la saludamos, suponemos que se ha pensado que Mary era Ana. Creemos que es la chica española que puede tener un trabajo para mí en un restaurante. Después de nuestro anecdótico saludo continuamos la marcha. ¡Y la casa se llenó de espuma! Ahora el salón parece una tienda de camas. 

Cuando estamos bajando lo que hemos transportado aparece en nuestra casa el hombre de la agencia con el señor que va a pintar nuestra fachada, las escaleras nuestras puertas y todos nuestros marcos de madera. ¡El de la inmobiliaria nos ve con el carro de la compra! No pasa nada, nos saluda, nos ve a los tres juntos y no hace ninguna pregunta al respecto. Cuando terminamos de vaciar el carro Mary y yo tenemos que ir de nuevo hasta el piso. Dejamos a Ana a solas con el de la agencia y con el supuesto pintor. 

¡Jamón, arroz, café, pastas, galletas! Había de todo en una de las bolsas que nos ha dejado en el piso. Además hemos arrebañado todo lo que hemos podido. Vaciamos el piso de cosas, dejamos las llaves sobre la encimera de la cocina y nos vamos con el carro de nuevo lleno. Mientras tanto Ana le dice al de la inmobiliaria que Mary vive en otra casa junto con su novio, por si acaso pregunta, y el hombre le dice que tenemos un trastero o garaje detrás de nuestra casa que podemos utilizar para guardar nuestras bicicletas. ¡Vuestras tres bicicletas! Eso es lo que dice, pero tiene que darnos la llave del cobertizo porque ahora mismo no las tiene. Hay que ir hasta él a través de un callejón super estrecho que nace en la calle de nuestra casa. Da un poco de mal rollo pero es que el día que tengamos varias bicicletas no podrán dormir todas en las escaleras. 

Después de dar por finalizada nuestra mudanza podemos llevar el carro de la compra de regreso al Albert Heijn. ¡Gracias por esos momentos tan divertidos que nos has ofrecido! Y gracias por ayudarnos como transporte en nuestra mudanza. Y allí lo quedamos, junto los otros carros de la compra que están condenados a vagar eternamente entre las estanterías repletas de comida, condenados a que les introduzcan monedas y que nunca sean para ellos y condenados a soportar el peso de las compras mensuales y a que los niños les pisen y salten encima repletos de energía. ¡Qué vida más dura la de los carros de la compra! 

Ana le enseña los problemas que hay en el baño al de la inmobiliaria. Una tubería bajo el grifo que parece que tiene una fuga. Además de la tubería, el de la inmobiliaria descubre unas bragas bajo el lavabo, esperando a ser llevadas a la lavadora. Ana pone cara de situación. Después Ana le muestra el problema de la ducha. Además del problema de la ducha, el de la inmobiliaria descubre en el plato, unos calzoncillos que también están esperando a ser llevados a la lavadora. Ana multiplica su cara de situación. ¡No pasa nada! Esta mañana hemos tenido que salir corriendo hasta el piso que hemos desalojado para llenar el nuestro cuanto antes. 

Con todas las cosas que hemos recogido de las bolsas que nos han dejado en el piso nuestra cocina parece un auténtico mercadillo. Una de las maderas que recogimos de la casa de diseño que inauguraron hace días forma una especie de encimera cuyas patas son varias cajas de mandarinas que hemos cogido del Albert Heijn. Ahora esa encimera casera está repleta de cosas, el suelo está repleto de cosas también y el único mueble que hay en nuestra cocina también. 

Al finalizar la mudanza Mary se va a trabajar un día más a la tienda de Marleen. Esperamos que venga pronto porque tenemos que hacer algo para celebrar Halloween. ¡Hoy es Halloween! ¿Tocarán a nuestra puerta los niños y nos dirán “Truco o trato”? Eso no es por aquí, ¿verdad? De todos modos intentaremos celebrarlo de alguna manera. 

Ana y yo nos quedamos en casa intentando colocar un poco todo el desastre que tenemos por casa. El salón lleno de colchones, la habitación vacía de colchones y la cocina llena de cosas de cocina. ¡Ahora sí que vamos a poder cocinar en condiciones! Cuando estamos en plena fase de distribución de cosas aparece una chica del trabajo de Ana, Andrea, que también es amiga y cocinera. Nos dice que más tarde tiene que entregarle las llaves al chico de la agencia encargado del piso de la chica que nos ha vendido las cosas y me pide que la acompañe, por si hay algo en inglés que no entienda. 

Un rato más tarde Andrea y yo vamos a casa de la chica que nos ha vendido las cosas, entramos de nuevo allí y esperamos hasta que llegue el de la agencia. No es un chico el que viene, si no una chica. Hace revisión, asegurándose de que no hay ningún desperfecto, y nos dice que tenemos que limpiar mejor la ducha y la cocina para que puedan devolverle a la chica que se ha ido a Londres la fianza. ¡Pues si está todo limpio! La ducha tiene un poco de manchas de cal y la cocina una mancha diminuta en uno de los hornillos y el congelador un poco de hielo. Le decimos que esta tarde lo limpiamos todo y que vuelva a venir a verlo. Nos despedimos de ella y abandonamos, hasta más tarde, la vacía casa. En la puerta está esperándonos Aylim, la chica que nos ha saludado esta mañana y la que puede ofrecerme un trabajo en el restaurante donde ella trabaja. ¡Hola, Ana me ha hablado de ti! Nos presentamos, de digo que esta mañana nos ha saludado pero que no ha saludado a Ana si no a Mary y hablamos de lo de mi posible trabajo. Aylim llama en ese mismo momento a su jefa y me consigue una entrevista hoy a las tres y media de la tarde en uno de sus dos restaurantes. ¿En serio? ¡Es todo perfecto! Da gusto encontrarse por el mundo a gente como esta. 

Después de esa maravillosa noticia para mí el día se convierte en más especial de lo que ya lo estaba siendo. Ana y yo vamos hasta la casa de Aylim con ella, nos presenta a su perro que es como el perro de los “Men in Black” o el de Pocahontas, la casa es una auténtica maravilla, es preciosa, tiene un patio enorme, una habitación preciosa y gigantesca. Además tiene un calendario de la revista “Fotogramas” de España, la cual me compraba todos los meses y me deja un libro en español para que lo lea. ¡Por fin! Lectura española en Eindhoven. Le doy mil veces las gracias por lo que ha conseguido para mí en el restaurante, nos acompaña hasta una tienda donde hacemos unas copias de las llaves de nuestra nueva casa y me dice cual es la dirección del restaurante al que tengo que ir. ¡Es todo perfecto! La mañana nos ha salido redonda. Hoy es un día perfecto para mí y para todos: colchones en condiciones donde poder dormir a gusto, copias de llaves para no depender más a la hora de las salidas y entradas los unos de los otros y una entrevista con la jefa del restaurante. Seguimos montados en uno de los vagones de esta montaña holandesa. ¡Hoy es un no parar de cosas! 

Con nuestros bolsillos llenos de llaves nuevas y la casa repleta de cosas por colocar nos vamos a nuestra casa en una bici que nos ha dejado Aylim para que vayamos hasta el restaurante de la entrevista. ¡Dice que en Eindhoven hay que tener bici! No eres nadie en esta ciudad si no tienes bici. Y es verdad. Necesitamos una bici cada uno. 

Ana y yo vamos al restaurante donde algún día espero poder trabajar, ella me espera en la puerta con la bici y yo entro en busca de la jefa, a la cual me encuentro tras la barra. Nos presentamos y me dice que quiere hacerme una prueba, me da un papel para que lo rellene en casa y también me dice que si mañana, jueves, puedo ir al otro restaurante a las cinco y media de la tarde para probar lo que sería mi trabajo. Le digo que por supuesto que sí, me despido de ella, le doy las gracias y salgo a la calle con una sonrisa de oreja a oreja. Ana se alegra mucho por mí y le gusta la idea de que los dos podamos estar lavando platos a la vez. ¡Mañana a las cinco y media una prueba en la cocina de un restaurante! Grito de emoción. 

Tras la amena entrevista nos acercamos a “Señora Rosa”, el restaurante donde trabaja Ana, junto a Andrea y Aser. Tenemos que hablar con Andrea para decirle que nosotros podemos ir a limpiar el piso que ha quedado vacío esta mañana y que así ella, que hoy trabaja, no tiene que hacerlo todo. Nos da las gracias, las llaves del piso y algunos productos de limpieza para evitar que la de la agencia no vuelva a poner pegas. Andrea, al vernos con la bici prestada de Aylim, nos dice que enfrente de su casa hay un par de bicicletas que parecen estar abandonadas, pues llevan allí varias semanas y nadie las mueve del lugar. ¡Hay que planear un asalto para hacernos con esas bicis cuanto antes! Además hablamos con Aser, uno de los cocineros del restaurante y el chico que nos ayudó con la lavadora y el sofá, porque va a dejarme unas zapatillas deportivas para que mañana pueda moverme con más facilidad en la cocina. ¡Cómo nos ayudamos entre todos! Menos mal que nos hemos topado con toda esta gente que se vuelca con nosotros y que, nosotros, también nos volcamos con ellos. Seguro que dentro de poco formamos una pequeña gran familia de españoles en Eindhoven. ¡Esto parece la serie “Perdidos”! Que al principio parecen estar solos en la isla pero luego resulta que está llena de gente por todos lados. ¡Ups! Si alguien no ha visto la serie lo siento mucho, aunque tampoco he desvelado algo muy importante. 

Y aún nos queda por limpiar la ducha y la cocina del piso de la chica que se ha ido a Londres, contarle a Mary que ya tenemos llaves por triplicado de nuestra casa, celebrar como es debido el primer Halloween en Eindhoven, planear el secuestro de las bicicletas abandonadas de la puerta de Andrea y rezar para que mañana a las cinco y media en el restaurante vaya todo a pedir de boca, o como se diga eso. Nosotros seguimos montados en esta montaña holandesa, que no para de darnos sorpresas y emociones por todas las curvas de su trayectoria.

Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.