Una auténtica historia en la que se relatan las aventuras que viven tres amigos cuando deciden marcharse de su país de origen y comenzar una nueva vida a dos mil kilómetros de allí. Holanda se convierte en un escenario perfecto para demostrar que nunca hay que perder la esperanza, que siempre hay que enfrentarse a la vida con la más amplia de las sonrisas y que las mejores cosas ocurren cuando menos las esperas.

miércoles, 17 de octubre de 2012

"Los años del futuro"

17 de Octubre de 2012.

La habitación estaba a oscuras cuando el pequeño de cinco años llamó a su madre desde la cama. La mujer encendió la luz de la mesita de noche y se sentó junto al pequeño, acomodada en el colchón donde no era capaz de conciliar el sueño. 

-¿Qué ocurre, cariño?.-dijo la madre, acariciándole una de las mejillas. 

-No puedo dormir.-contestó con los ojos muy abiertos y acurrucado entre sábanas. 

-¿Has tenido una pesadilla?.-preguntó su madre preocupada. 

-No.-dijo el muchacho pensativo. -Es que no tengo sueño.-afirmó finalmente. 

-¿Y qué podemos hacer para solucionarlo?.-la mujer hizo una pausa y al ver que el niño se encogía de hombros continuó hablando. -¿Quieres que te cuente una historia que ocurrió hace muchos años? 

El pequeño asintió con la cabeza, ilusionado e intrigado por conocer las palabras que su madre le contaría. Se acurrucó, de nuevo, entre las sábanas que le arropaban del frío y esperó a que su madre comenzara con aquella historia. La mujer levantó los pies del suelo, se quitó las zapatillas, las dejó junto a la cama y se acomodó con las piernas cruzadas, quedando los pies sobre el colchón. Ambos quedaron en silencio unos momentos hasta que la mujer comenzó a hablar, casi en un susurro. 

-Esta historia comenzó siendo como cualquier otra que te hayan contado.-la mujer hizo una leve pausa. -Comenzó cargada de ilusiones y sueños, de metas y de nuevas aventuras.-dijo poniéndole cada vez más énfasis y entusiasmo. -Esta historia comenzó hace unos dieciséis años, aproximadamente, cuando tres chicos cogieron un vuelo con destino a un país que se encontraba a miles de kilómetros de donde siempre habían vivido hasta el momento. Y unas horas más tardes el avión aterrizó en la nueva ciudad… 

16 años antes… 



La mañana ha empezado con mucha marcha. Nos hemos despertado y Melendi ha comenzado a sonar en mi reproductor de música, con sus canciones a todo volumen y con los tres cantando por toda la habitación. Hemos desayunado los tres juntos y hemos desayunado lo mismo que comemos por la mañana, por el mediodía y por la noche desde hace varios días. Desde hace exactamente el número de días que llevamos en la nueva pensión. ¡Da gusto esto de tener desayuno incluido y saberlo amortizar para todas las comidas del día! Nos hemos puesto las pilas, nos hemos duchado, vestido y nos hemos ido cada uno a nuestras tareas diarias. Mary ha cogido la bici y se ha ido a la tienda con Marleen. Ana y yo nos hemos ido a tener otra cita para ver un piso. ¡Los de las agencia ya nos conocen de sobra! Ya están aquí otra vez los españoles… 

Ana y yo caminamos hasta el apartamento que vamos a visitar. La cita es a las doce y media y llegamos exactamente a las y media a la puerta de la casa. ¡Tenemos un Jumbo al lado! Y resulta que es el primer Jumbo que nos encontramos en Eindhoven. Ana llega a la puerta del apartamento y, como si la hubiera sentido desde dentro, el agente de la inmobiliaria nos ha recibido abriendo la puerta y dándonos la mano. Entramos a investigar el apartamento y resulta que todo lo que hay dentro se lo llevan, tiene un salón vacío, una habitación vacía, una cocina sin lavadora y un cuarto de baño con ducha y lavabo. Miro a Ana extrañado y le digo “¡Ana, que no hay retrete!” (Vale no he dicho la palabra “retrete” pero es que “Lo de cagar” suena muy feo si lo pongo en la carta). Ana ha puesto cara de pánico y, como no sabe inglés, ha mirado al de la inmobiliaria y le ha hecho un gesto para preguntarle por la pieza que le faltaba al servicio. Sí, Ana ha doblado las piernas y ha simulado la postura que todos utilizamos para sentarnos en la taza. Todos nos hemos reído y el de la inmobiliaria nos ha llevado hasta otra sala muy pequeñita, que había al lado de la puerta de la casa, donde sí estaba el retrete y otro lavabo. Qué bien. Mientras que uno está cagando el otro puede ducharse. ¡Otro inconveniente es que se tiene que alquilar como mínimo seis meses! ¿Y si nos tenemos que volver qué? Parece que los de las agencias no piensan en los pobrecitos como nosotros. Y también tiene una especie de patio. Y digo especie porque está repleto de contenedores. “¿Por qué había tantos contenedores de basura en el patio?” me pregunta Ana de vuelta a la pensión. “Creo que había holandeses muertos dentro de ellos”. 

Como este piso no tiene lavadora y es una cosa esencial que estamos buscando Ana y yo decidimos entrar en una tienda de electrodomésticos. Preguntamos el precio de la lavadora más barata y nos enseñan una que vale 135 euros y te la llevan a casa. Nos parece una buena oferta. Le decimos “bye, bye” al dependiente y si algún día tenemos que comprar una lavadora vendremos en busca de ella. 

Llegando a la pensión mi móvil comienza a sonar. ¿Quién me llama a estas horas, en este momento y en este lugar? Mary. Nos llama porque está en la tienda de Marleen pendiente del correo, por si las agencias nos escriben algo más y nos dice que tenemos otra cita a las dos de la tarde. Así que, como es la una y cuarto, nos damos la vuelta y nos vamos a la dirección que nos ha dado Mary. Ahora es un piso que está al lado del restaurante “Señora Rosa”, así que a Ana le vendría muy bien para ir a trabajar y nos ahorraríamos el dinero de su bici porque podría ir andando. Llega un nuevo chico de la agencia, se presenta y nos dice que en la acera de enfrente hay dos pisos más que se alquilan, que nos los puede enseñar también. Y allí que nos vamos Ana y yo. Los pisos los están reformando y les están poniendo todo nuevo. ¡Normal! Nos pide mil cien euros de alquiler mensual. ¡Perdona pero puedes quedarte con ellos! Así que nos vamos al piso que realmente íbamos a ver desde el principio. 

Tiene un porche en la parte delantera, con setas y árboles en su interior. Y entramos en una maravilla: un salón con sillas y mesas incluidas en el alquiler, tele y dvd, una cocina pegada con todos sus utensilios incluidos, frigorífico, microondas y LAVADORA. Los ángeles han comenzado a cantar el “Aleluya, aleluya” desde sus nubes de algodón. Parece que el Dios de Holanda ha escuchado nuestras plegarias. ¡Nos gusta! Del salón salen unas escaleras que te llevan hasta el dormitorio, que está en un ático con techo a dos aguas. ¡Parecemos una peli americana! 

Mary continúa haciendo diseños para la casa que tiene que decorar junto a Marleen. Además la semana que viene es “La Semana del Diseño Holandés” en Eindhoven y Marleen no para de recibir diseños y diseñadores en su tienda. ¡Un desfile de diseños en tres, dos, uno…! Hay cosas super caras, super raras y caras. ¡Está claro que los diseñadores se lo montan bien! ¡Y los holandeses se permiten cosas de diseño! En la tienda de Marleen pueden verse collares de madera por veinte euros, mesas de miles de euros, tazas de café por el mismo precio por el que te haces de una vajilla completa en los chinos… ¡Pero es diseño! Si lo quieres… Lo pagas o lo dejas. 

Ana y yo comemos en la pensión, a escondidas y de nuevo sándwiches. ¡Y no nos aburrimos del chóped y del queso! Y después de nuestra deliciosa y especial comida Ana consigue quedar con otro agente para ver otro piso a las cinco y media. ¡Lástima que Ana tenga que irse a trabajar y Mary aún esté en la tienda! Lástima porque tengo que ir solo a ver el apartamento. Está en una calle cercana a la pensión, a unos dieciséis minutos andando, y llego entre las cinco y las cinco y cuarto. Una chica que parecía mulata, con los pelos cortos y muy rizados se baja de un coche que había aparcado en la puerta del apartamento. ¡Es muy guapa y tiene unos ojos muy bonitos y grandes! Me dice que su nombre es Jamie y le digo que soy el amigo de Ana, que ella no ha podido venir porque está trabajando. Le digo que hablo un poco inglés y que me hable despacio, lo mismo que le decimos a todos los de las agencias. Jamie me comprende y dice que ella entiende el español pero que no sabe hablarlo, que si quiero que le haga preguntas en español y que me contesta en inglés. ¡Pero yo le hablo todo en inglés que es bueno practicar! 

El piso es un cuchitril, me lo enseña con los dos muchachos que viven ahora en él, parece un mundo lleno de desorden y suciedad, no se puede poner ni un solo tenedor sobre la barra de la cocina, el servicio está lleno de ropa, no hay lavadora y todos los muebles que hay en él se los llevan los dueños. Es demasiado pequeño para los tres y demasiado caro como para no traer nada de nada. Jamie se despide de mí y me regala un bolígrafo de la agencia a la que pertenece. ¡Más vale que todos los agentes fueran tan simpáticos como ella! Lo siento Jamie, me has caído muy bien pero no vamos a alquilarte nada. ¡A no ser que tengas una lavadora de segunda mano y un par de bicicletas! 

Al volver de mi visita solitaria Mary me está esperando en la pensión, en la puerta porque las llaves las tengo yo. Le hago un resumen detallado de los cinco pisos que hemos visitado hoy y decidimos mandarle un correo al de este mediodía. El que incluía de todo y la habitación es en el ático. No sabemos si mañana tendremos una cita en la oficina… 

Después de eso Mary ha continuado con los diseños para la casa, ha llenado tres de las cuatro camas de recortes de papel y de bolígrafos y hemos decorado un poco una de las paredes de la habitación, pues hemos pegado en la de las cabeceras de las camas la foto de los gemelos Pedro y Álvaro, los recién nacidos de Inés y Jose, sus papás. Antes de venir a Eindhoven los visitamos en Badajoz. ¡Fue precioso ver cómo dos gemelas cogían en brazos a dos gemelos! Cuando vuelvan a cogerlos en brazos seguro que han crecido un montón. Pero todo el mundo desconoce el momento en el que eso ocurra de nuevo, así que estas noches, y aunque solamente sea con una fotografía, las gemelas y los gemelos dormirán juntos. Y yo, que no soy gemelo, también seguiré por alguna de estas camas. Durmiendo todos juntos. 



16 años después… 

El pequeño de cinco años quedó fascinado, entre sus sábanas, por la maravillosa historia que su madre acababa de contarle. A partir de esos momentos soñaría con aquella ciudad, deseando conocerla y poder disfrutar de sus calles. Gracias a su madre consiguió imaginarse una ciudad llena de bicicletas, de parques enormes y de gente que habla en otro idioma. El pequeño dormiría aquella noche fascinado entre las hermosas calles de una ciudad mágica, la cual no sabía si podría pronunciar correctamente su nombre. Eindhoven. Sonaba precioso. 

Su madre se levantó de la cama, se puso las zapatillas y le dio un beso de buenas noches en la frente. Después acurrucaría a su hijo entre las sábanas y apagaría la luz de la mesita de noche. 

Mientras tanto, el padre de la familia, observaba a su mujer y a su hijo desde la puerta entreabierta de la habitación. Había escuchado la historia completa. Fue bonito recordar de nuevo la forma en la que conoció a aquella mujer, a aquella mujer que ahora narraba sus historias a su hijo, a aquella mujer que un día decidió comprar un billete de avión y voló, dieciséis años atrás, a un país que se encontraba a miles de kilómetros de distancia de donde siempre había vivido. Un país donde, afortunadamente, lo conoció a él. Fue bonito recordar el momento en el que conoció a la mujer que le cambiaría la vida por completo. 

16 años antes… 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

domingo, 14 de octubre de 2012

"Operation: pension"

14 de Octubre de 2012.

Los tres que formaban el equipo se reunieron, silenciosos, en medio de la habitación. Los tres formaron un triángulo perfecto y la que llevaba la voz dominante del grupo explicó detalladamente el plan de conquista: 

-Iremos en silencio hasta la casa de al lado, tú abrirás la puerta lo más rápido que puedas y en el máximo silencio.-dijo dirigiéndose a la otra chica del grupo. –Iremos caminado de puntillas por el pasillo, hasta llegar a la cocina. Una vez allí yo lavaré unos vasos para distraer al enemigo. Vosotros sacaréis las rebanadas de pan de la mochila, que llevaréis a la espalda y velozmente, los untaréis de nocilla en el tiempo en el que lavo los vasos.-dijo la jefa casi en un susurro a sus dos compañeros. –Hora de salida: 4:30 minutos de la madrugada. Hora de finalización de la operación: 4:32 minutos de la madrugada. 

Los tres abrieron la puerta que se comunicaba con las frías calles de la ciudad, caminaron muy deprisa hasta la siguiente puerta y la abrieron rápido y en silencio. El equipo desapareció en el interior de la oscura casa, en busca de un bote de nocilla al que tenían que vaciar. 



Son las doce de la noche, Mary está en la ducha, Ana en el restaurante y yo he comenzado ahora a escribir esta carta desde Holanda. Mary y yo acabamos de cenar unos sándwiches que hemos hecho hoy en el desayuno y que hemos calentado hace un momento, unas patatas fritas y un poco de patatas con salchichas que hemos tomado prestadas de otros inquilinos de la pensión. Solamente hemos probado un poco del mejunje de patatas ajeno y el karma ha actuado llenándonos la boca con un picor inmenso, provocado por una salsa que le habían echado sin consideración alguna. Es un poco tarde, más tarde de lo normal. Pero nunca es tarde para comenzar a contar. Por cierto, nuestro postre ha sido un sándwich de nocilla y ahora nos beberemos un té de frutas del bosque. 

La noche del sábado ha sido larga. Mary ha comenzado a ver un capítulo de una serie de televisión en su portátil y Ana y yo decidimos ver una película, también en el portátil. Después de un tiempo descartando películas nos decantamos por una del maestro Woody Allen: “Vicky Cristina Barcelona”. Al final nos quedamos con un raro sabor de boca. “¿Ya está? ¿Éste es el final? Pues vaya…” Y continuamos hablando, los tres, y decidimos ver una película de miedo. Estamos en la pensión que creíamos de mala muerte, escuchamos ruidos raros y queremos ver una película de miedo para ambientar más la situación. Es algo normal, lo sé. 

Y vueltas y vueltas a películas de miedo y al final elegimos la peor película que podríamos haber elegido, una de estas que dices “¡Venga hombre! Y ¿ahora qué?”, de esas que son tan malas que ni siquiera son aptas para emitirlas en las tardes de Antena 3, de esas que el guión no parece ni que está escrito y de esas que no las dejas de ver porque no tienes sueño y el reproductor on-line ya la ha cargado entera. “La última casa a la izquierda”. Parecía un buen título, pero solamente se quedó en ello. Queríamos una película de miedo pero se convirtió en una de risa. Intenté aguantar hasta el final pero cuando vi que la protagonista, a la que acababan de dar un balazo en la nuca, comenzó a nadar por un pantano y a correr por un bosque dije que me iba a la cama. Y así lo hice. Ana y Mary la vieron hasta el final. ¡Qué fuerza de voluntad! 

Nos despertamos unas horas más tarde, sin ningún ruido de alarma ni de moto, y nos vestimos para ir a desayunar a la casa de al lado. Ana dice que se queda en la cama, ya que a las seis de la tarde tiene que ir al restaurante “Señora Rosa” y anoche nos dormimos a las tantas de la madrugada. Es la primera vez desde que estamos aquí que nos pasamos una noche en vela, viendo pelis y planeando operaciones de asaltar la cocina de la pensión. 

Mary y yo nos vamos a desayunar. Cogemos nuestras tostadas, nuestro chóped y queso, el café y nuestras ganas de desayunar en buenas condiciones. Hoy ha sido un día de tertulia mañanera, como las mañanas de María Teresa Campos o Ana Rosa, ya que nos hemos pasado todo el desayuno y parte de la mañana hablando de todo en general. De nuestras vidas en el pueblo y de nuestras nuevas vidas en Eindhoven. “Nadie dijo que sería fácil” ha dicho Mary. Y tiene razón, pues nadie lo dijo. 

Nuestra nueva pensión está organizada por un chico joven que es un poco serio, parece que habla el mismo idioma que nosotros: el Inglés Indio. Todas las preguntas y dudas que le hacemos son respondidas con “Yes” o “No”, y cuatro palabras típicas y socorridas. El chico serio lleva la distribución de las habitaciones, repone los alimentos en la cocina y nos recoge el dinero que nos cuesta dormir bajo este techo. Hoy le hemos pagado una semana completa, hasta el domingo que viene. La pensión donde vive Nicole Kidman será a partir de ahora nuestro nuevo y dulce hogar. 

Hacía tiempo que no cocinábamos y hoy hemos preparado unos macarrones con tomate, salchichas y queso. ¡Estaban riquísimos! Casi limpiamos los platos con la lengua. ¡Da gusto poder comer algo que no sea una ensaladilla de un euro! ¡Da gusto comer sentado en una silla, apoyado sobre una mesa de madera y no sentado sobre una moqueta que devora todo lo que entra en contacto con ella! Aunque echamos de menos su textura llena de vida. El único inconveniente que tiene el cocinar es que ahora todas las ropas que entran en la cocina huelen a fritura. ¡Qué horror! Necesitamos ya una lavadora para quitar estos olores de nuestras sudaderas. ¡Parecemos croquetas! 

A las cinco y media sacamos la bici de Marleen de nuestro baño privado, Ana se monta en el porta-paquetes y yo me pongo manos al manillar. La llevo por las calles frías de Eindhoven hasta su trabajo, nos congelamos en el camino, me despido de ella y le deseo que se le haga leve. Me vuelvo con más frío que nunca y vuelvo a recoger la bici en el servicio. Mary dice que a la noche va a ir a por Ana a la puerta de la “Señora Rosa” pero mi duda es: Si no llega bien a los pedales y no se puede sentar en el sillín ¿cómo va a transportar a su hermana, sana y salva, hasta la pensión? 

Mary y yo pasamos la tarde en el comedor/sala de estar de la pensión, buscamos pisos por internet, hablamos con nuestras madres, Mary diseña unas cosas para la nueva casa que tienen que decorar, envío correos a las tiendas de fotografía que he buscado en Eindhoven, escuchamos música, Mary se hace un té y seguimos con la búsqueda de pisos. Lo más probable es que el día 1 vayamos a vivir a la caja de cerillas, a la casa donde ahora vive la chica de color del pijama feo. ¡Cuida la casa que dentro de unos días nos convertiremos en sardinas enlatadas! 

El día ha sido tranquilo, tan tranquilo como nuestros domingos en el pueblo. Ahora seguimos estando tranquilos, en la habitación de la pensión, ya duchados y con los pijamas puestos, arropados con los nórdicos y esperando una llamada de Ana. Aún nos espera un viaje en bici hasta el restaurante, el problema es que no sabemos a qué hora será. Como siempre… nuestras noches nunca tienen desperdicio, aunque los días tampoco. “Pá qué nos vamos a engañá” 



Los tres caminaron por el oscuro pasillo hasta llegar a la pequeña cocina. La jefa del grupo cogió varios vasos sucios y comenzó a lavarlos bajo el grifo de la sala. Los segundos habían comenzado a contar. En el otro extremo de la cocina uno de los compañeros se hacía dueño del bote de nocilla, mientras la otra extraía las rebanadas de pan de la mochila y los dos, con un cuchillo en las manos, comenzaron como locos a untar chocolate en sus panes. La jefa terminó de lavar los vasos, una buena excusa por si alguien ajeno al grupo les sorprendía a esas horas en la cocina. Las 4:32 de la madrugada, hora de la huída. La jefa dio la voz de alarma, guardaron corriendo el bote de nocilla, que había quedado casi sin chocolate, y cogieron todos los panes que habían quedado tupidos de nocilla. Escaparon de la cocina, atravesaron el oscuro pasillo y salieron a la calle, respirando tranquilos porque todo había salido bien. 

Los tres llegaron a la habitación de la pensión donde dormían esas noches. Ana, Mary y Dani disfrutaron de unos contundentes sándwiches de nocilla a las cuatro y media de la mañana, a los que añadieron cereales en forma de prueba. La “Operación: Pensión” había salido perfecta, como anillo al dedo, como nocilla al pan, como cereal al chocolate. 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.

sábado, 13 de octubre de 2012

"La sopa fría"

13 de Octubre de 2012.

Nos alegra saber que estáis bien, o que al menos lo intentáis, que seguís cumpliendo con vuestras obligaciones, que seguís sonriendo como antes, emocionándoos y sintiéndonos tan cerca que no importen los kilómetros que hay de por medio. Nos gusta tener noticias de vosotros, de vuestras nuevas ilusiones y de vuestros mejores momentos. Es una delicia saber lo que vais a comer, lo que habéis preparado para la cena y los planes que tenéis para el día siguiente. Nos gusta saber de vuestros trabajos, de vuestros viajes y de vuestros mejores proyectos. Nos gusta saber de todos los que estáis esperándonos desde nuestras tierras, todos los que estáis al tanto de todos nuestros pasos y metas. Nos gusta saber de todos los que estáis tras nuestras cartas de Holanda. A todos vosotros, mil y una veces gracias. 



Aunque eche de menos mi cama y, sobretodo, mi almohada hoy he dormido bien. Aunque Ana haya dormido también bien dice que las camas y las almohadas eran mejor en el albergue. Mary dice que ha dormido un poco mal, que le gustaba más su nido fabricado con nórdicos en el albergue, y que le duele un poco la espalda. Aunque hayamos dormido bien o mal, estamos destinados a que todas las noches ocurra algo inesperado, diferente y fuera de lo común. 

A las ocho a sonado la alarma diaria de mi móvil y estaba tan a gusto que no le he hecho mucho caso. Hemos seguido durmiendo un rato más, que para eso es sábado. Después de la alarma y después de quedarnos dormidos de nuevo ha ocurrido. Ha ocurrido que hacía tantísima calor en la habitación que el sensor de calor para detectar fuegos ha comenzado a chillar descaradamente. “¡¡¡Piiiiiii Piiiiii Piiiiii!!!”. Los pitidos invadían la habitación y nos hemos mirado aterrados. ¿Está sonando, en serio, lo que creemos que está sonando? Pues sí. Yo en un momento he pensado que la habitación comenzaría a llenarse de agua. Mary ha pensado, incluso, en tirarse encima del ordenador para protegerlo de la lluvia artificial. Menos mal que nada de eso ha ocurrido y que solamente se ha quedado en un pitido que ha desaparecido al cabo de unos instantes. Vale: hemos descubierto que el detector funciona, pero si llega a haber fuego de verdad dónde está el agua. Solo esperamos que los bomberos holandeses sean rápidos. A parte de eso también ha sonado la alarma de una moto en la calle, justo al lado de la ventana de la habitación. Ana creía que era la alarma de una bici. Seguro que las bicis están tan desarrolladas aquí que hasta tienen alarmas. Pero era de una moto. Y mi pregunta es: ¿Dormiremos algún día del tirón? ¿Alguien está en contra de nuestras horas de sueño? ¡Dios de Holanda confiesa ahora o duerme para siempre! 

Después de nuestro ajetreado despertar hemos recordado que tenemos desayuno incluido en la pensión, así que nos hemos vestido y nos hemos ido a la casa de al lado, donde está la cocina de los desayunos y una especie de comedor. Ya os dije que la pensión está formada por varias casas independientes, ¿verdad?. Pues eso, nos duchamos en nuestro gran baño privado, donde ahora duerme la bici de Marleen de lo espacioso que es, y nos vamos a desayunar. 

¡Tostadas, mermeladas de todo tipo, crema de cacahuete, nocilla, miel, leche, café, yogur líquido, cereales, jamón de york, huevos, quesos de todo tipo y choped! Todo esto y mucho más nos reciben a la hora del desayuno. ¡Nos hemos puesto las botas! 

“¡¡¡Piii Piii Piii!!!” ha comenzado a sonar de nuevo, esta vez con más fuerza y más molesto que antes. Los pitidos atravesaban nuestros oídos sin compasión. ¿Pero qué pasa ahora? ¿Le hemos caído bien a este pitido y nos persigue allá donde vamos o qué? Pues sí, parece que le hemos gustado. Y esta vez no había estado provocado por un cúmulo excesivo de calor en la habitación, si no porque hemos olvidado un trozo de pan en la tostadora y el humo que desprendía se ha chivado al detector de incendios. Menos mal que tampoco nos ha llovido artificialmente. ¡Ana saca el paraguas que compramos en el Hema! Ah no… que está roto. 

Después de nuestros deliciosos desayunos volvemos a la habitación y parece que hoy ha sido el día de las llamadas y video llamadas. Hemos visto a Marina, la hermana de Ana y Mary, y a su abuelo por la web cam. Siguen como siempre, les preguntamos por todo y por todos. Mary y Ana también les piden que les hablen de sus perritos: Shira y Barny. ¡La emoción y los gritos de alegría son inevitables! Parece que estamos huecos, huecos y locos. Cualquiera que nos vea hablando a voces dirigiéndonos a la pantalla de un portátil lo pensará. Después hemos hablado con Javi, nuestro amigo y el novio de nuestra amiga María, para decirle que íbamos a llamar para darle una sorpresa a María. Y hemos llamado. María ha contestado y nosotros le hemos respondido a voces mientras gritábamos su nombre. “¿Esto qué es? Pero, ¿esto es ahora?” han sido las palabras que demostraban que no se creía lo que estaba escuchando. El tiempo pasa muy deprisa cuando hablamos con ella. Escuchamos sus nuevas noticias, sus anécdotas en el ciclo que estudia, nos reímos con ella y con Javi. Nos dicen que han ido al cine a ver "Lo Imposible". ¡Mary y yo nos morimos de la envidia! Quiero verla. Les pregunto que si han ido a ver "Tadeo Jones" y me dicen que me están esperando, que quieren verla conmigo. ¡No me digáis esas cosas! También saludamos a Juana y a Neme. Es la hora de la comida y se les enfría la sopa. Todos nos ponemos a cantar, como locos, la canción de M-Clan “La sopa fría”. Está claro que, en estos momentos, la sopa no importa que se enfríe. ¡Qué gusto da volver a hacer el tonto los cuatro juntos! Hemos continuado con la web cam y hemos visto a mi hermana y a mi madre. Nos dicen lo guapos que estamos y lo bien que lo estamos haciendo. Y aparece mi tía Primi, que nos manda besos y mucha suerte. Mi hermana nos lleva de paseo por mi casa, me enseña mi habitación, nos enseña la calle Valle y nos lleva hasta la casa de Nora, mi perra. Es emocionante verla tan contenta como siempre. Seguro que echa de menos los paseos a la Charca Arriba junto con Shira y Barny. Ana habla por teléfono con Roberto, se echan de menos y están deseando de volver a estar juntos. ¡Todos lo queremos ver por la cam pero parece que no le funciona! Nos hemos regalado una buena dosis de ánimos y emociones. 

Al llegar la tarde Mary y yo hemos ido a comprar la cena en bicicleta al Albert Heijn, el supermercado que le hace la competencia a nuestro favorito Jumbo. Hemos ido a ese super porque es el más cercano a esta pensión. Hemos llegado a la primera y no nos hemos perdido en el camino, ¡Ni a la ida ni a la vuelta! Además, Mary me ha felicitado porque dice que mi sentido de la orientación está mejorando. 

Íbamos a comprar la comida del mediodía pero como el desayuno ha sido tan generoso hemos pasado directamente a la cena. ¡Y podemos cocinar! Tenemos cocina y ya era hora que olvidáramos las ensaladillas de un euro y los sándwiches con mahonesa. Además, Mary tenía mono de cocinar. Así que hemos comprado macarrones, unas salchichas, tomate y cebolla para preparar unos buenos platos de pasta para mañana la hora de la comida. Qué pena no poder echarle unas latas de atún. ¡Aquí no existen los packs de tres latas por menos de un euro! Solamente hay botes individuales, no muy grandes, y encima caros. Y hemos cenado bolitas rellenas de queso y patatas fritas, peladas y cortadas por nosotros mismos. ¡Cuánto tiempo sin hacer cosas de éstas en la cocina! ¡Y lo que nos ha costado encontrar patatas y cebollas en el Albert Heijn! 

Una vez en la habitación hemos llamado a Vane por teléfono. ¡Nos ha recibido Yeray! Cómo echamos de menos las tardes en el parque con él, a su amigo “El Fantasma Colocón”, a su novia la ratona Minnie y sus juegos tan divertidos. Dice que quiere venir a vernos montado en un avión muy, muy grande. “Mañana vamos a verlos, ¿vale mama?” le decía a Vane, que le contestaba con un “Sí” tan fuerte que hasta ella misma deseaba que el viaje imaginario de mañana se haría realidad. “Quiero irme con ellos. Ahora me voy por el teléfono” dice Yeray, creyendo que pisando el móvil con fuerza se transportará hasta Eindhoven. ¡Éste chico seguro que hace grandes avances tecnológicos en el futuro! Vane le dice que nos cante una canción y nos deleita con sus “Maracucú Maracucá” y con “Luna Lunera”. Esperamos veros algún día paseando y jugando por las calles de esta ciudad.

Y acabamos la noche con la madre de ellas, Mama Mari Jose, acompañados de una buena dosis de risas y tonterías. Le cantamos y seguro que le alegramos la noche. Hablamos de todo un poco, le enseñamos con la cam nuestra nueva pensión, al igual que a Mama María Jesús, y la ponemos al día de todo nuestro día. Nos manda mil besos y nos da las buenas noches.

Y seguimos en la habitación de la pensión de mala muerte que se convierte, poco a poco, cada vez más en una de cinco estrellas. Seguimos planeando nuestras vidas o dejándolas en manos del destino. Nos iremos a dormir y esperamos que no nos despierte ninguna alarma anti incendios o ninguna de una moto en la calle. También esperamos que no nos cueste dormir y que, como ocurrió anoche, no nos aterroricen ningunos ruidos extraños que procedían de la nada en el interior de la habitación. ¡Esto parecía la película de “Los Otros”! Solamente faltaba Nicole Kidman paseando por la pensión con un candelabro y una pistola en las manos. 



Nos gusta saber que el abuelo sigue cocinando como siempre lo ha hecho, que Marina sigue combinando sus vestidos con los zapatos de sus hermanas, que Rocío ha comenzado a dormir en mi cama porque le gusta más que la suya, que mi perra Nora sigue volviéndose loca cuando la saludas, que mi madre María Jesús nos sigue diciendo lo guapos que estamos y lo valiente que somos, que su madre María José nos sigue mandando besos desde Badajoz y la mayores de las fuerzas y que mi tía Primi nos manda las mejores de las suertes desde el sofá de la salita de mi casa. Nos gusta que María siga aprendiendo a dar masajes en su nuevo ciclo formativo para dárnoslos cuando volvamos, que Javi siga igual de bien con su carpintería e intentamos convencerle de que la transporte a Eindhoven. Nos gusta saber que no os importa que la sopa se os enfríe por pasar minutos y minutos hablando con nosotros. Nos gusta haber saludado a Juana y a Neme. Nos gusta que Roberto siga deseando que llegue diciembre para unirse a nuestra aventura, nos gusta que Vane haya comenzado a estudiar inglés y que esté feliz y que Yeray nos recuerde, que nos eche de menos, que quiera que juguemos con él en el parque, que desee venir a vernos en un avión muy, muy grande y que nos siga cantando, aunque sea a través de un teléfono, su particular versión de “Luna Lunera”. 

Nos gusta saber de todos vosotros y nos gusta que nos hagáis tan felices, tan felices y tan orgullosos de saber que os tenemos allí, tan lejos y tan cerca a la vez. Nos gusta formar parte de vuestras vidas y nos gusta que forméis parte de la nuestra. 

Nos gusta que la sopa caliente pueda esperar, porque sabemos que por nosotros dejaríais que se enfriara una y otra vez. Nos gusta porque por vosotros dejaríamos que la sopa quedara convertida en un cubito de hielo. 

Nos gusta, simplemente nos gusta. 



“¡Ostras! ¿Qué es ese ruido? Creo que viene de la habitación de arriba… Nicole, ¿estás ahí?” 



Estamos bien, estamos aquí, estamos en Eindhoven.